miércoles, 16 de mayo de 2012

La máscara.


¿Cómo somos realmente? Toda persona es de dos formas, es de forma que los ven los demás y es de la forma que el mismo se ve; entonces, ¿que somos realmente, lo que ven de nosotros o como nos vemos? Podríamos decir que claro que somos como nos vemos nosotros mismo, pero por otro lado nos empeñamos demasiado en tener una imagen a vista de los demás; por tanto para ello nos dejamos llevar y nos comportamos de cierta forma que es distinta a la forma en la que nos comportaríamos naturalmente.

Estamos acostumbrado desde pequeños a distinguir los tipos de personas, pero, ¿realmente existen esos tipos? De entre todos los supuestos tipos de personas existentes elegimos unos con el que queremos identificarnos, uno al que nos queremos parecer. Desde que tomamos esta decisión tomamos ciertas medidas para transformar como somos y darnos a conocer de tal forma que demos la imagen de ese tipo de persona a la que nos queremos parecer, para simplemente ser distintos.

Todos alardean de ser diferentes a otras personas, de ser mejores que el anterior o los que le rodean, de tener algo peculiar que nadie tiene, de que nunca harán los que otros han hecho...Sin embargo, la realidad es que todos somos iguales, no hay nadie diferente. Todos y todos cometemos los mismos fallos y los mismos aciertos, el primero que dice “no” es el primero que dice “sí”. Y es que realmente somos como nos vemos. Pero como no nos gusta como somos,es decir no nos gusta ser iguales, nos colocamos una máscara para mostrarnos diferentes y alardear continuamente de que no cometeremos los mismos errores que otros, cuando en el fondo sabemos que si lo haremos.

Nuestra imagen externa es una máscara que nos permite ser diferente y nuestra imagen interna es la misma a la de toda persona. Todos llegamos a hacer las mismas cosas y sentir de igual manera, tan solo que las circunstancias son distintas. A veces toca quitarse la máscara y dejarnos ver tal y como todos somos, y reconocer que cualquier otro podría haberlo hecho tan bien y tan mal como nosotros lo hemos hecho, ya que tras la máscara somos los mismos. Porque las máscaras fueron inventadas para eso, para ser otros y distintos a lo que somos pero permaneciendo nuestro verdadero ser en las sombras.



martes, 8 de mayo de 2012

Ojos esmeraldas.


Aquella noche había bebido mucho, más de a lo que estoy acostumbrado, por lo que me deje llevar por el alcohol y me fui con una chica de ojos esmeralda, pelo negro y tez blanca, que me había estado seduciendo todo el tiempo y me invitó a su casa. No se como fui capaz de conducir hasta su casa, pero fue una temeridad. Después de darnos el lote en el coche entré en su casa, sinceramente no sabía que me metía en la boca del lobo.

Una vez dentro, mientras nos besábamos como dos jóvenes desenfrenados, subimos las escaleras a trompicones hasta el piso de arriba. Me llevó a su cuarto y dentro nos tendimos en la cama. Comenzamos a desnudarnos hasta quedarnos en ropa interior. Luego cogió mis manos y me las esposó a la cama, la verdad es que como estaba tan bebido y por la excitación no puse oposición. El deseo carnal comenzaba a crecer demasiado entre nosotros y se nos iba de las manos, perdiendo todo aquello que nos hacía humanos;y nos convertimos en animales que buscaban el placer más deseado, dejándonos llevar por los instintos.

Nunca olvidaré aquella noche, la noche de mi muerte. Parece mentira que el deseo carnal nos ciegue tanto hasta el punto de perder todos los principios. En los tres últimos días el asesinato de tres hombres ocuparon las portadas de los periódicos, no se había detenido aún al asesino; pero no se barajaba que fuera una mujer. Yo sería la cuarta víctima. Cegado por el deseo carnal no fui capaz de ver el arma blanca que la chica de los ojos esmeraldas levantaba sobre mi pecho. Y en el momento del climax, quede paralizado y su manos empuñando el arma bajaron a mi pecho y atravesó mi corazón, solo unos segundos de dolor y después deje de sentirme animal y por último deje de sentirme humano y vivo; y pasé ha ser una víctima más, del deseo.


domingo, 6 de mayo de 2012

La espalda de Venus.


Venus, hermosura donde las haya. Su sonrisa evoca la felicidad, sus cabellos son la luz del sol que ilumina cada día. Su piel es suave y blanquecina. Sus ojos atrapan al hombre en un espiral de la que no se puede escapar. Sus labios, gruesos y carnosos. Su cuerpo deseado por todos. Pero esto es una mera descripción insignificante con al que hacen otro autores de la diosa Venus y su hermosura, sin embargo, ninguno de ellos se paro a pensar en el espalda de Venus.

Venus no es la perfección, no es la mujer hermosa que todos creen ver y por tanto no es una Diosa. Venus es una mujer con su perfil agraciado, pero en cuya espalda se esconde su verdadero rostro. Hay donde todos la contemplan y admiran, yo la veo como una simple mortal, que con el tiempo se volverá anciana y perderá su hermosura. Yo veo que detrás de ese rostro sonriente se esconde su rostro oscurecido, hostil y serio. Su espalda es los contrario a sus cabellos, sus ojos, sus labios y su torso; deformada y cuyas vertebras se mueven como si del cuerpo de una víbora se tratara y la cabeza de colmillos puntiagudos y ponzoñosos, fuera su rostro dosil. Se cree bella, se cree Diosa, capaz de enamorar a cualquier hombre y perderle en su belleza. Los hombres se dejan llevar por ella y son capaces de abandonar toda una vida por probar la manzana de Eva, porque nunca ven más haya, nunca verán su espalda, su verdadero rostro, su verdadero ser y entre ellos mismos se matarán.


Estación del Olvido!


Resulta que nuestro cerebro es una máquina demasiada compleja, que funciona de una forma que no entendemos. Una máquina que almacena información a la misma vez que la elimina. Cuando la elimina, ese proceso es conocido como “olvido”. ¿Por qué olvidamos? Sencillamente la mayoría de las veces de toda la información que captamos solo almacenamos una parte y la otra es desechada. Y esos datos que almacenamos se van degradando con el tiempo, este es el olvido que se produce por vejez, pero existe otro método de olvido, y es este el más curioso.

Me refiero a cuando olvidamos recuerdos inconscientemente para que no sintamos dolor. Nuestro cerebro es tan inteligente que siempre busca quedarse con aquello que le sea útil y le haga feliz, mientras que aquello que sea inútil y le haga sentir tristeza o dolor, lo olvida. Es cierto que no lo olvidamos del todo, ya que siempre queda un recuerdo dentro de nosotros, pero es tan pequeño que recordarlo no nos evoca tristeza, simplemente neutralidad sentimental o felicidad.

Es por ello que la pérdida de cualquier lazo emocional que mantuviéramos con una persona ,a la que por motivos los que sean ya no es posible, la tristeza va gradualmente disminuyendo con el paso del tiempo, por un lado debido a la costumbre y por otro lado al olvido. Es triste a la vez afirmar esto, que una persona que para ti ha significado mucho en tu vida la olvides. Es difícil pero en realidad no nos queda otra alternativa si lo que queremos es ser felices y aceptarlo. Y más difícil es dar por muerto y olvidar ha alguien que permanece vivo.


jueves, 3 de mayo de 2012

Walt Disney.

“En este lugar perdemos demasiado tiempo mirando hacia atrás.
Camina hacia el futuro, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas, 
se curioso... porque nuestra curiosidad siempre nos conduce por nuevos caminos.”

Walt Disney.