Venus, hermosura donde las haya. Su
sonrisa evoca la felicidad, sus cabellos son la luz del sol que
ilumina cada día. Su piel es suave y blanquecina. Sus ojos atrapan
al hombre en un espiral de la que no se puede escapar. Sus labios,
gruesos y carnosos. Su cuerpo deseado por todos. Pero esto es una
mera descripción insignificante con al que hacen otro autores de la
diosa Venus y su hermosura, sin embargo, ninguno de ellos se paro a
pensar en el espalda de Venus.
Venus no es la perfección, no es la
mujer hermosa que todos creen ver y por tanto no es una Diosa. Venus
es una mujer con su perfil agraciado, pero en cuya espalda se esconde
su verdadero rostro. Hay donde todos la contemplan y admiran, yo la
veo como una simple mortal, que con el tiempo se volverá anciana y
perderá su hermosura. Yo veo que detrás de ese rostro sonriente se
esconde su rostro oscurecido, hostil y serio. Su espalda es los
contrario a sus cabellos, sus ojos, sus labios y su torso; deformada
y cuyas vertebras se mueven como si del cuerpo de una víbora se
tratara y la cabeza de colmillos puntiagudos y ponzoñosos, fuera su
rostro dosil. Se cree bella, se cree Diosa, capaz de enamorar a
cualquier hombre y perderle en su belleza. Los hombres se dejan
llevar por ella y son capaces de abandonar toda una vida por probar
la manzana de Eva, porque nunca ven más haya, nunca verán su espalda, su
verdadero rostro, su verdadero ser y entre ellos mismos se matarán.

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