martes, 8 de mayo de 2012

Ojos esmeraldas.


Aquella noche había bebido mucho, más de a lo que estoy acostumbrado, por lo que me deje llevar por el alcohol y me fui con una chica de ojos esmeralda, pelo negro y tez blanca, que me había estado seduciendo todo el tiempo y me invitó a su casa. No se como fui capaz de conducir hasta su casa, pero fue una temeridad. Después de darnos el lote en el coche entré en su casa, sinceramente no sabía que me metía en la boca del lobo.

Una vez dentro, mientras nos besábamos como dos jóvenes desenfrenados, subimos las escaleras a trompicones hasta el piso de arriba. Me llevó a su cuarto y dentro nos tendimos en la cama. Comenzamos a desnudarnos hasta quedarnos en ropa interior. Luego cogió mis manos y me las esposó a la cama, la verdad es que como estaba tan bebido y por la excitación no puse oposición. El deseo carnal comenzaba a crecer demasiado entre nosotros y se nos iba de las manos, perdiendo todo aquello que nos hacía humanos;y nos convertimos en animales que buscaban el placer más deseado, dejándonos llevar por los instintos.

Nunca olvidaré aquella noche, la noche de mi muerte. Parece mentira que el deseo carnal nos ciegue tanto hasta el punto de perder todos los principios. En los tres últimos días el asesinato de tres hombres ocuparon las portadas de los periódicos, no se había detenido aún al asesino; pero no se barajaba que fuera una mujer. Yo sería la cuarta víctima. Cegado por el deseo carnal no fui capaz de ver el arma blanca que la chica de los ojos esmeraldas levantaba sobre mi pecho. Y en el momento del climax, quede paralizado y su manos empuñando el arma bajaron a mi pecho y atravesó mi corazón, solo unos segundos de dolor y después deje de sentirme animal y por último deje de sentirme humano y vivo; y pasé ha ser una víctima más, del deseo.


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