Desde el día que Ofelia me
comunicó que esperaba un hijo mío, tuvimos exactamente cinco días
para planear la forma en la que yo podría escabullirme del
casamiento con Allegra, la mujer a la que no amaba pero con la que mi
padre me obligaba a casarme porque era hija del señor feudal de
aquellas tierras. Solo se nos ocurría una forma y era la de escapar
de aquel pueblucho, sin embargo las cosas se complicaron más de lo
que creíamos. Antes de marcharme aquella noche de casa de Ofelia lo
dejamos todo hablado, al cuarto día de madrugada la esperaría con
un caballo en la puerta de su casa. Yo solo llevaría mis útiles de
pintura y ella podría llevar lo que quisiera pero no demasiado para
no entorpecer el paso del caballo por el peso. Nos dirigiríamos
hacia Florencia, sería un largo viaje pero un buen lugar para
ilustrarme y mejorar mi pintura, y donde viviríamos en paz.
Abandoné la casa de Ofelia de
madrugada y volví a casa, cuando entre me encontré para mi sorpresa
con una comitiva esperándome, padre, mi señor y el hermano de
Allegra me esperaban sentados alrededor de la mesa. Si hubiera tenido
un caballo en aquel momento, habría dado media vuelta para salir
huyendo de allí; pero aún debía comprarlo. Cerré la puerta tras
de mi y fue como si me encontrara ante mi con una jauría de perros.
Padre comenzó a proferir gritos de desaprobación, el hermano de
Allegra con enojo se acerco a mi y me obligó a sentarme; y mi señor
con decepción en sus ojos me miraba con lastimeras intensiones. El
primero en hablar fue el padre de la joven a la que iba a desposar:
-Creí por un momento que después
de haberte ayudado en alcanzar tus sueños como pintor, haberte
recomendado a otras familias adineradas y regalado tu útiles, serías
lo suficiente honesto como para devolver tanta gratitud en forma de
un simple gesto de afirmación ante el altar-dijo con voz cansada y
triste como si no llegara entender como alguien como yo podía
intentar echar a perder la oportunidad que suponía para mi familia
casarme con su hija-.
Nadie hablo, yo no dije nada,
dijera lo que dijera no serviría para nada lo sabía de sobra así
que espere a que alguno de los tres perros que me miraban enseñando
los colmillos ladrara primero.
-¡Y lo hará! Se casará con su
hija mi señor, mi familia no faltará a una promesa-dijo mi padre
como un perro faldero.
-Por supuesto que se casará-dijo
mi señor y con tono cruel pronunció unas palabras que me hicieron
blanquecer a mi y a padre también-o juro que no seguirá vivo al
sexto día.
-Cuñado, yo me aseguraré de que
al sexto día sigas con la cabeza en su sitio-río como si de verdad
deseara lo contrario- yo y unos amigos vigilaremos esta casa para que
no te escapes con tu fulana-entonces escupió al suelo con despreció
y entre vi la sorna en sus dientes-.
Juro por Dios que en aquel
momento cuando llamo a Ofelia tal cosa me hirvió la sangre pero por
no abalanzarme hacia su pescuezo y que me metieran en la cárcel me
contuve en el sitio apretando los nudillos. Entonces sin decir nada
más y ni mirar a ninguno de los tres subí a mi alcoba, donde me
pasaría los días siguientes pensando de que modo podría salir de
allí. Sin embargo los días allí encerrados pasaron rápido y veía
como no haya modo de poder escapar de mi compromiso, la desesperación
y los nervios no me dejaban conciliar el sueño por las noches y
andaba de arriba a bajo todo la casa por las noches pensando que
aquello no tenía solución. Al tercer día y a tan solo medio día
para que fuera la madrugada del cuarto día; mi hermano Franceso al
haberse echo eco de mi noticia había venido a verme. Tal fue mi
alegría de verlo que hasta el se sorprendió del repentino abrazo.
Le explique lo que ocurría y como aquello se me había ido de las
manos, pero sobretodo le suplique que me ayudara, y entonces fue
cuando el sorprendido fui yo. A pesar de que fuera mi hermano y creer
conocerlo, dijo algo que no hubiera esperado y dicha respuesta fue
que aceptaba ayudarme porque dijo que como hermano mayor que era solo
quería que su hermano menor no tuviera una vida dichosa al lado de
una mujer a la que no amaba. Con la emoción del momento le explique
todo en lo que había estado pensando durante ese tiempo, y entre los
dos hicimos un plan que no debía fallar si aquella madrugada quería
salir camino de Florencia con Ofelia.
A la noche tres guardias se
encontraban fuera de casa vigilando que yo no saliera de allí.
Asomado al resquicio de la ventana vi como se acercaban a mi casa
tres mujeres en dirección en los hombres, espere hasta que los
hombre cayeron en las manos de aquellas mujeres y se fueron al huerto
pensando que a tales horas de la noche por unos minutos que dejarán
de vigilar yo no me escaparía. Bastante ingenuos por su parte.
Entonces aproveche para tomar una bolsa y en silencio salí por la
puerta de atrás, mientras me lamentaba de no poder despedirme de
padre y madre. Francesco me esperaba a fuera con un caballo que
gracias a Dios no relinchaba mucho, tome la riendas y me monte. Antes
de marchar le dije a Franceso que quería verlo en la salida del
pueblo, de él no quería marcharme sin despedirme y agradecerle por
haberme ayudado. A trote suave, intentado no hace mucho ruido fui
hacia la casa de Ofelia donde ella al escuchar los cascos del caballo
salió a la puerta. La ayude a montarse y no vez estuvimos listo, nos
dirigimos hacia la salida del pueblo, por aquel tiempo los tres
hombres estarían acabando ya y debíamos aligerarnos antes de que se
dieran cuenta si no queríamos que nos pillaran. Mi hermano como le
dije que hiciera nos aguardaba en la salida, sin bajarme del caballo
le entre un pergamino.
-Gracias por todo hermano nunca
olvidaré esto que hiciste por mi, eso que te entrego es en modo de
agradecimiento-dije mirando hacia el pergamino-. Ábrelo cuando me
haya ido. Pronto te llegarán noticias mía.
Sin más dilación y sin dejar
pronunciar palabra a mi hermano, espoleé el caballo y al galope
dejamos atrás todo aquello que nos intentaba poner aranceles y con
la esperanza de llegar pronto a Florencia donde nuestro hijo nacería.
Atrás quedaba mi hermano,
Franceso abriendo el pergamino que yo le había entregado. Aunque no
supe cual fue su reacción espero que le hubiera gustado aquella
pintura de nuestra infancia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario