martes, 25 de junio de 2013

Vinum-part.6

Desde el día que Ofelia me comunicó que esperaba un hijo mío, tuvimos exactamente cinco días para planear la forma en la que yo podría escabullirme del casamiento con Allegra, la mujer a la que no amaba pero con la que mi padre me obligaba a casarme porque era hija del señor feudal de aquellas tierras. Solo se nos ocurría una forma y era la de escapar de aquel pueblucho, sin embargo las cosas se complicaron más de lo que creíamos. Antes de marcharme aquella noche de casa de Ofelia lo dejamos todo hablado, al cuarto día de madrugada la esperaría con un caballo en la puerta de su casa. Yo solo llevaría mis útiles de pintura y ella podría llevar lo que quisiera pero no demasiado para no entorpecer el paso del caballo por el peso. Nos dirigiríamos hacia Florencia, sería un largo viaje pero un buen lugar para ilustrarme y mejorar mi pintura, y donde viviríamos en paz.

Abandoné la casa de Ofelia de madrugada y volví a casa, cuando entre me encontré para mi sorpresa con una comitiva esperándome, padre, mi señor y el hermano de Allegra me esperaban sentados alrededor de la mesa. Si hubiera tenido un caballo en aquel momento, habría dado media vuelta para salir huyendo de allí; pero aún debía comprarlo. Cerré la puerta tras de mi y fue como si me encontrara ante mi con una jauría de perros. Padre comenzó a proferir gritos de desaprobación, el hermano de Allegra con enojo se acerco a mi y me obligó a sentarme; y mi señor con decepción en sus ojos me miraba con lastimeras intensiones. El primero en hablar fue el padre de la joven a la que iba a desposar:


-Creí por un momento que después de haberte ayudado en alcanzar tus sueños como pintor, haberte recomendado a otras familias adineradas y regalado tu útiles, serías lo suficiente honesto como para devolver tanta gratitud en forma de un simple gesto de afirmación ante el altar-dijo con voz cansada y triste como si no llegara entender como alguien como yo podía intentar echar a perder la oportunidad que suponía para mi familia casarme con su hija-.

Nadie hablo, yo no dije nada, dijera lo que dijera no serviría para nada lo sabía de sobra así que espere a que alguno de los tres perros que me miraban enseñando los colmillos ladrara primero.

-¡Y lo hará! Se casará con su hija mi señor, mi familia no faltará a una promesa-dijo mi padre como un perro faldero.

-Por supuesto que se casará-dijo mi señor y con tono cruel pronunció unas palabras que me hicieron blanquecer a mi y a padre también-o juro que no seguirá vivo al sexto día.

-Cuñado, yo me aseguraré de que al sexto día sigas con la cabeza en su sitio-río como si de verdad deseara lo contrario- yo y unos amigos vigilaremos esta casa para que no te escapes con tu fulana-entonces escupió al suelo con despreció y entre vi la sorna en sus dientes-.

Juro por Dios que en aquel momento cuando llamo a Ofelia tal cosa me hirvió la sangre pero por no abalanzarme hacia su pescuezo y que me metieran en la cárcel me contuve en el sitio apretando los nudillos. Entonces sin decir nada más y ni mirar a ninguno de los tres subí a mi alcoba, donde me pasaría los días siguientes pensando de que modo podría salir de allí. Sin embargo los días allí encerrados pasaron rápido y veía como no haya modo de poder escapar de mi compromiso, la desesperación y los nervios no me dejaban conciliar el sueño por las noches y andaba de arriba a bajo todo la casa por las noches pensando que aquello no tenía solución. Al tercer día y a tan solo medio día para que fuera la madrugada del cuarto día; mi hermano Franceso al haberse echo eco de mi noticia había venido a verme. Tal fue mi alegría de verlo que hasta el se sorprendió del repentino abrazo. Le explique lo que ocurría y como aquello se me había ido de las manos, pero sobretodo le suplique que me ayudara, y entonces fue cuando el sorprendido fui yo. A pesar de que fuera mi hermano y creer conocerlo, dijo algo que no hubiera esperado y dicha respuesta fue que aceptaba ayudarme porque dijo que como hermano mayor que era solo quería que su hermano menor no tuviera una vida dichosa al lado de una mujer a la que no amaba. Con la emoción del momento le explique todo en lo que había estado pensando durante ese tiempo, y entre los dos hicimos un plan que no debía fallar si aquella madrugada quería salir camino de Florencia con Ofelia.

A la noche tres guardias se encontraban fuera de casa vigilando que yo no saliera de allí. Asomado al resquicio de la ventana vi como se acercaban a mi casa tres mujeres en dirección en los hombres, espere hasta que los hombre cayeron en las manos de aquellas mujeres y se fueron al huerto pensando que a tales horas de la noche por unos minutos que dejarán de vigilar yo no me escaparía. Bastante ingenuos por su parte. Entonces aproveche para tomar una bolsa y en silencio salí por la puerta de atrás, mientras me lamentaba de no poder despedirme de padre y madre. Francesco me esperaba a fuera con un caballo que gracias a Dios no relinchaba mucho, tome la riendas y me monte. Antes de marchar le dije a Franceso que quería verlo en la salida del pueblo, de él no quería marcharme sin despedirme y agradecerle por haberme ayudado. A trote suave, intentado no hace mucho ruido fui hacia la casa de Ofelia donde ella al escuchar los cascos del caballo salió a la puerta. La ayude a montarse y no vez estuvimos listo, nos dirigimos hacia la salida del pueblo, por aquel tiempo los tres hombres estarían acabando ya y debíamos aligerarnos antes de que se dieran cuenta si no queríamos que nos pillaran. Mi hermano como le dije que hiciera nos aguardaba en la salida, sin bajarme del caballo le entre un pergamino.

-Gracias por todo hermano nunca olvidaré esto que hiciste por mi, eso que te entrego es en modo de agradecimiento-dije mirando hacia el pergamino-. Ábrelo cuando me haya ido. Pronto te llegarán noticias mía.

Sin más dilación y sin dejar pronunciar palabra a mi hermano, espoleé el caballo y al galope dejamos atrás todo aquello que nos intentaba poner aranceles y con la esperanza de llegar pronto a Florencia donde nuestro hijo nacería.

Atrás quedaba mi hermano, Franceso abriendo el pergamino que yo le había entregado. Aunque no supe cual fue su reacción espero que le hubiera gustado aquella pintura de nuestra infancia.

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