Lo primero de todo es reconocer que las
millones de acciones que llevamos a cabo no son todas correctas sino
malvadas; es decir, actos en contra de las leyes y de las normas
morales. Al menos si das este primer paso de reconocer ya serás
mejor persona, mejor que aquellos que no reconocen sus errores o las
consecuencias negativas de sus actos.
Cuando alguna acción tiene
consecuencias negativas sobre algo o alguien, cuando van contra lo
moralmente establecido y las normas, si somos un poco humanos
sentiremos lo que se denomina culpa o conciencia. La conciencia puede
ser más o menos intensa dependiendo de las personas, además también
se debe tener en cuenta la capacidad que tienen ciertas personas para
callar a la conciencia. Callar a la voz que nos habla desde dentro,
es una acción de cobardes que se utiliza para que uno no llegué a
sentirse culpable por sus actos.
Existen muchas formas de encerrar la
conciencia en el rincón más recóndito de nuestra cabeza. Muchos
justifican sus actos como necesarios y positivos para todos, cuando
no lo son. Otros justifican sus actos mediante ciertos argumentos,
siempre utilizando aquellos que le interesan y eliminando los que no
defienden sus actos. Y algunos justifican las consecuencias de sus
actos como causa de algo que es beneficioso, aunque este beneficio
suele ser particular; es decir basado en el principio de finalidad
por el cuál cualquier acto esta permitido mientras la finalidad sea positiva aún sean los medios devastadores.
Todas las personas que intentan
silenciar la conciencia es porque no tienen la valentía para dar la
cara por lo que han hecho, porque en verdad se sienten tan
culpables,tan desgraciados y torturados por la voz, que no pueden
vivir. Pero también hay gente que viven sin ser torturados por el sentimiento de culpa, son aquellos que no lo reconocen y que viven sin ver el daño
que han podido causar sus actos. ¿Por qué? Porque son una cáscara totalmente
vacía; con ausencia de conciencia y alma.





