sábado, 12 de julio de 2014

Mudanza

Pues como dice el título, el blog está de mudanza. He hecho un nuevo blog para empezar de cero donde republicare algunas de las entradas que publique en este, pero donde no estarán algunas otras. El objetivo es hacer algo con una temática un tanto más centrada y con mayor regularidad publicar algo. También me gustaría que el otro blog comenzaran a partipar la gente en lo que escribo. A continuacion os dejo la web, espero que os paseis por ella:

http://www.escritoratiempoparcial.blogspot.com.es/

viernes, 3 de enero de 2014

Loco de aquel que sueñe con un sueño.

Loco de aquel que pensaba que el mundo comenzaba, cuando en realidad estaba dando el paso al intermedio de toda aquella historia. Lo empujaron a abandonar todo aquello con lo que ya había aprendido a vivir para tener que comenzar de cero a adecuarse con lo que antes era y ya no es, darse cuenta que las cosas cambian con el tiempo.  Le dijeron <<corre, ve y comete el mundo>>, cuando es el mundo el que se está comiendo a todo y cada uno que corre con la esperanza y los sueños por delante. ¿No es acaso eso con lo qué te encuentras cuando abres la puerta? Algo que no reconoces, algo que podría llamarse incertidumbre, algo que desde dentro a través del cristal se ve de otra forma a como es. Es la idea que nos crean en la cabeza antes de girar el pomo, de pisar la calle, de abrir los ojos. Le dijeron << es el país de las oportunidades, donde tus sueños se harán realidad>>, cuando te das cuenta que no es así. A veces hasta el punto de llegar a desear abandonar todo sueño, los buenos porque dan demasiadas esperanzas y los malos porque la quitan sin miramientos; ¿por qué hay tantas oportunidades como sueños hay por persona? Al final conforme caminas por el espeso bosque tras la puerta, vas mirando al cielo y apagando unas bombillas, sustituyéndolas por otras, porque te das cuentas que algunos sueños ya no pueden ser, y es que la realidad no es el estar despierto sino el hecho de que se apague la esperanza de soñar.


martes, 15 de octubre de 2013

Nubes de hollín-part.2

La introducción de maquinaria en la industria fue acompañada por un rechazo por parte de la mayoría de los obreros que veían como cada día que pasaba su puesto de trabajo peligraba más y su sueldo disminuía. Fue así como comenzó a tomar forma un movimiento que se fue extendiendo entre los trabajadores, el cual sería conocido como ludismo. Mi padre y mi hermano entraron a formar parte de este movimiento y desearía que no lo hubieran hecho, porque desde entonces mi vida se torno cruda.

Los ludistas comenzaron a organizar revueltas como protesta, recuerdo que en una de ellas mi padre fue golpeado y llegó a casa con una herida en la ceja. Sin embargo las revueltas no llegaban a ser efectivas por los que estas te tornaron  contra las propias máquinas. Fue él primer sábado del mes de octubre de 1812 cuando mi padre y mi hermano partieron a la fábrica para la que trabajaba juntos con otros hombres obreros también, entraron en la fábrica y metieron fuego a las máquinas textiles. Lo ocurrido se hizo eco en toda la ciudad, mi madre preocupada porque llegaban tarde y ajena a todo me envió a buscar a mi padre y hermano, busque en los bares de la zona, en casas de vecinos amigos y no había rastro de ellos, me acerqué a la zona por donde se encontraba la fábrica y comenzaron a llegarme noticias sobre lo ocurrido. Entonces escuche algo que me hizo reaccionar y salir corriendo de vuelta a casa, una mujer le contaba a su marido que los ludistas causantes del incendio sería ejecutados a la mañana siguiente. Corrí a contárselo a madre, quién casi muere del susto por lo débil que estaba, me mandó ayudarla a levantarse y vestirse  y juntas fuimos a la cárcel en busca de un último adiós porque aunque ninguna de las dos dijimos nada; sabíamos que para gente de nuestra condición no quedaba segunda opción que atenerse al castigo impuesto por la justicia.

Nos dejaron hablar con ellos unos minutos, mi madre se derrumbó y no paró de llorar hasta que los policías nos sacaron de allí. Yo quise ser valiente sin embargo no pude aguantar y me abracé a mi madre mientras esta me mesaba. Madre parecía haber envejecido veinte años, el saber que iba a quedarse viuda y que madre e hija deberían de sacrificarse para llevarse algo a la boca cada día no la ayudaba a lidiar con su enfermedad. Con el gran esfuerzo de andar tanto cuando sus piernas le dolían a rabiar y apenas daba dos pasos seguidos, fuimos a la ejecución al día siguiente y entonces fue cuando por primera vez sentía como se me rompía el corazón al ver como los ojos que antes albergaban la vida la iban perdiendo poco a poco y me miraban fijamente. Nunca en la vida olvidaré aquel momento, aquellos ojos que me miraban diciendo <<véngate>>.


Madre e hija volvieron a casa en silencio. Sin ninguna palabra más que las de <<buenas noches querida>> es como la madre se despedía de su hija hasta la mañana siguiente. Sin embargo aquel día había acabado con toda la vitalidad que no le había quitado la enfermedad a su madre y a la mañana siguiente cuando la niña fue a despertar a su madre la noto fría, la zarandeó primero despacio, luego violentamente y gritó. Las lágrimas recorrieron el surco de las mejillas de la niña, salió a la calle a buscar a alguien pero entonces tubo miedo pues por primera vez se encontraba sola ante el mundo, con tan solo ocho años y con el reciente recuerdo de haber perdido todo lo que más quería por no tener una mejor condición social que habría hecho más amena la existencia a su madre y que su padre y hermano no hubieran tenido que cometer un delito para protestar en contra de lo poco que se le pagaba. Miró al cielo y vio como las primeras nubes de hollín comenzaban a teñir el cielo, el humo negro que había ahogado a su familia.

martes, 25 de junio de 2013

Vinum-part.6

Desde el día que Ofelia me comunicó que esperaba un hijo mío, tuvimos exactamente cinco días para planear la forma en la que yo podría escabullirme del casamiento con Allegra, la mujer a la que no amaba pero con la que mi padre me obligaba a casarme porque era hija del señor feudal de aquellas tierras. Solo se nos ocurría una forma y era la de escapar de aquel pueblucho, sin embargo las cosas se complicaron más de lo que creíamos. Antes de marcharme aquella noche de casa de Ofelia lo dejamos todo hablado, al cuarto día de madrugada la esperaría con un caballo en la puerta de su casa. Yo solo llevaría mis útiles de pintura y ella podría llevar lo que quisiera pero no demasiado para no entorpecer el paso del caballo por el peso. Nos dirigiríamos hacia Florencia, sería un largo viaje pero un buen lugar para ilustrarme y mejorar mi pintura, y donde viviríamos en paz.

Abandoné la casa de Ofelia de madrugada y volví a casa, cuando entre me encontré para mi sorpresa con una comitiva esperándome, padre, mi señor y el hermano de Allegra me esperaban sentados alrededor de la mesa. Si hubiera tenido un caballo en aquel momento, habría dado media vuelta para salir huyendo de allí; pero aún debía comprarlo. Cerré la puerta tras de mi y fue como si me encontrara ante mi con una jauría de perros. Padre comenzó a proferir gritos de desaprobación, el hermano de Allegra con enojo se acerco a mi y me obligó a sentarme; y mi señor con decepción en sus ojos me miraba con lastimeras intensiones. El primero en hablar fue el padre de la joven a la que iba a desposar:


-Creí por un momento que después de haberte ayudado en alcanzar tus sueños como pintor, haberte recomendado a otras familias adineradas y regalado tu útiles, serías lo suficiente honesto como para devolver tanta gratitud en forma de un simple gesto de afirmación ante el altar-dijo con voz cansada y triste como si no llegara entender como alguien como yo podía intentar echar a perder la oportunidad que suponía para mi familia casarme con su hija-.

Nadie hablo, yo no dije nada, dijera lo que dijera no serviría para nada lo sabía de sobra así que espere a que alguno de los tres perros que me miraban enseñando los colmillos ladrara primero.

-¡Y lo hará! Se casará con su hija mi señor, mi familia no faltará a una promesa-dijo mi padre como un perro faldero.

-Por supuesto que se casará-dijo mi señor y con tono cruel pronunció unas palabras que me hicieron blanquecer a mi y a padre también-o juro que no seguirá vivo al sexto día.

-Cuñado, yo me aseguraré de que al sexto día sigas con la cabeza en su sitio-río como si de verdad deseara lo contrario- yo y unos amigos vigilaremos esta casa para que no te escapes con tu fulana-entonces escupió al suelo con despreció y entre vi la sorna en sus dientes-.

Juro por Dios que en aquel momento cuando llamo a Ofelia tal cosa me hirvió la sangre pero por no abalanzarme hacia su pescuezo y que me metieran en la cárcel me contuve en el sitio apretando los nudillos. Entonces sin decir nada más y ni mirar a ninguno de los tres subí a mi alcoba, donde me pasaría los días siguientes pensando de que modo podría salir de allí. Sin embargo los días allí encerrados pasaron rápido y veía como no haya modo de poder escapar de mi compromiso, la desesperación y los nervios no me dejaban conciliar el sueño por las noches y andaba de arriba a bajo todo la casa por las noches pensando que aquello no tenía solución. Al tercer día y a tan solo medio día para que fuera la madrugada del cuarto día; mi hermano Franceso al haberse echo eco de mi noticia había venido a verme. Tal fue mi alegría de verlo que hasta el se sorprendió del repentino abrazo. Le explique lo que ocurría y como aquello se me había ido de las manos, pero sobretodo le suplique que me ayudara, y entonces fue cuando el sorprendido fui yo. A pesar de que fuera mi hermano y creer conocerlo, dijo algo que no hubiera esperado y dicha respuesta fue que aceptaba ayudarme porque dijo que como hermano mayor que era solo quería que su hermano menor no tuviera una vida dichosa al lado de una mujer a la que no amaba. Con la emoción del momento le explique todo en lo que había estado pensando durante ese tiempo, y entre los dos hicimos un plan que no debía fallar si aquella madrugada quería salir camino de Florencia con Ofelia.

A la noche tres guardias se encontraban fuera de casa vigilando que yo no saliera de allí. Asomado al resquicio de la ventana vi como se acercaban a mi casa tres mujeres en dirección en los hombres, espere hasta que los hombre cayeron en las manos de aquellas mujeres y se fueron al huerto pensando que a tales horas de la noche por unos minutos que dejarán de vigilar yo no me escaparía. Bastante ingenuos por su parte. Entonces aproveche para tomar una bolsa y en silencio salí por la puerta de atrás, mientras me lamentaba de no poder despedirme de padre y madre. Francesco me esperaba a fuera con un caballo que gracias a Dios no relinchaba mucho, tome la riendas y me monte. Antes de marchar le dije a Franceso que quería verlo en la salida del pueblo, de él no quería marcharme sin despedirme y agradecerle por haberme ayudado. A trote suave, intentado no hace mucho ruido fui hacia la casa de Ofelia donde ella al escuchar los cascos del caballo salió a la puerta. La ayude a montarse y no vez estuvimos listo, nos dirigimos hacia la salida del pueblo, por aquel tiempo los tres hombres estarían acabando ya y debíamos aligerarnos antes de que se dieran cuenta si no queríamos que nos pillaran. Mi hermano como le dije que hiciera nos aguardaba en la salida, sin bajarme del caballo le entre un pergamino.

-Gracias por todo hermano nunca olvidaré esto que hiciste por mi, eso que te entrego es en modo de agradecimiento-dije mirando hacia el pergamino-. Ábrelo cuando me haya ido. Pronto te llegarán noticias mía.

Sin más dilación y sin dejar pronunciar palabra a mi hermano, espoleé el caballo y al galope dejamos atrás todo aquello que nos intentaba poner aranceles y con la esperanza de llegar pronto a Florencia donde nuestro hijo nacería.

Atrás quedaba mi hermano, Franceso abriendo el pergamino que yo le había entregado. Aunque no supe cual fue su reacción espero que le hubiera gustado aquella pintura de nuestra infancia.

sábado, 8 de junio de 2013

Castillo de Nubes.

 Antes de ayer me encontraba en la cima de la montaña más alta, me creía el rey de mi propio mundo. Estaba tan alto que vivía ajeno a la realidad de los que vivían abajo, podía saborear el aire puro sin ningún tipo de malicia que se pudiera saborear en él; y día a día veía la luz de un nuevo Sol aparecer por el este. Pero ayer un viento sacudió violentamente ese ensueño y las nubes se tornaron grises, y de fondo se escuchaba un redoble de truenos que anunciaban la tormenta, caí con la lluvia y fui arrastrado por el río abajo, abajo, muy abajo, hasta el mar.

De repente me encontré en medio de la nada, rodeado de agua, toneladas de ella. Me sentí inseguro, porque mis pies no podían tocar tierra, solo fondo. Y me sumergí en aquella masa de agua no por voluntad propia sino más bien porque no tenía fuerzas para salir de ella, yo intentaba nadar hacia arriba, no quería sentir el frío de las profundidades. Aún así, me faltaron manos a la que agarrarme para resistir y no tuve fuerzas para salir a flote. Y en lo profundo de aquella oscuridad como boca de lobo, en aquel momento en el que me sentía desamparado era cuando me di cuenta que era más fuerte de lo que creía y que la única carta que te queda por jugar es luchar, nadar hacia arriba y volver así a sentir el aire rozar tu piel.

Hoy me encuentro de nuevo arriba, pero esta vez ya no vivo igual de seguro que antes de ayer, porque cada día que pasa aquí arriba tengo el miedo de volver a caer, porque siempre ocurre y esa es la vida; una constante de subidas y bajadas que no sabes cuanto pueden llegar a durar pero que el único del que depende cuanto permanezcas en ella es de ti. Si estás arriba haz lo posible para pisar suelo firme y ser más listo que el que sopla para derrumbar tu castillo de nubes; y si estás abajo lucha tu mismo por subir porque de ti depende llegar a lo más alto.