I write what I think and all what my imagination allows me. Short stories and reflects. Twitter: @CiudaddelAlma
lunes, 24 de diciembre de 2012
viernes, 21 de diciembre de 2012
Vinum-part.5
Desde el día en el que yacimos
en aquel claro del bosque todo en la vida de ambos había cambiado.
Se había vuelto una costumbre el echo de que cada noche de más de
la mitad de los días de una semana, fuera a verla a la casita
discreta que se había comprado Ofelia en los barrios más alejados
del centro de la ciudad donde se encontraban la gran mayoría de los
ciudadanos marginales. Cada una de esas visitas nocturnas se
convirtieron el el momento más esperado por cada uno a lo largo del
día, ya que decidimos aparentar que no había nada entre nosotros a
la vista de los demás. Esta decisión traía consigo la consecuencia
de tener que trabajar juntos y tener que evitar el deseo y no
dirigirnos demasiado la palabra-si alguien hubiera visto al hijo de
un terrateniente hablando demasiado con una simple campesina habría
desconfiado-,pero las palabras sobraban cuando nos decíamos todo con
la mirada. Por ello aquellas visitas se convirtieron frecuentemente
en una forma de liberar aquel deseo retenido durante todo el día,
pero también fueron la forma en la que nos fuimos conociendo mejor
uno al otro; hablábamos de muchos temas diferentes, aún así nunca
llegamos a pronunciar palabra de que sería de nuestro amor en un
futuro. Estaba claro que no podíamos obviar el problema que existía
con respecto a la idea de padre de casarme con Allegra- la hija de mi
señor-, sin embargo nos hacía feliz la idea de no pensar en ello y
así fue como dejamos pasar el tema, simplemente callándonos el
inevitable y doloroso desenlace que nos deparaba el destino.
Cuando terminamos de recoger la
cosecha Ofelia decidió no buscar ningún otro trabajo, según me
había dicho su padre le dejo una notable herencia que le permitía
autoabastecerse durante mínimo dos años y medio, siempre y cuando
no gastará en ningún tipo de lujo. Sin embargo no me gustaba la
idea, así que de vez en cuando llevaba algo de comida y le propuse
varias veces mudarse a una casa más próxima, pero ella me replicaba
diciendo que no podía pasar de ser pobre a rica en cuestión de días
la gente sospecharía y el alguacil del pueblo sospecharía que
habría robado. Al final desistí en mi empeño en que buscara
trabajo, comenzara a llevar una vida como la de todo el mundo y
dejara atrás esa falsa imagen de ser una campesina pobre. Como hice
los años anteriores cuando terminé de ayudar a mi padre con la
recogida de la vid, seguí ayudándolo algunos días a labrar la
tierra para la próxima recolecta; pero además retome mi trabajo
como pintor. Comencé terminando los últimos pedidos que me había
quedado pendientes antes de la recogida, luego me llegaron cada vez
más y más pedido; e incluso me había dicho Allegra que su padre
pensaba hablar con el conde que buscaba a un pintor para que hiciera
un retrato de su familia. No daba a basto, me faltaba tiempo material
así que Ofelia al verme tan agobiado me dijo que no le importaba que
algunas noches se llevara algún lienzo a su casa y allí adelantará
parte del trabajo mientras charlaba con ella; una vez me dijo que le
encanta ver como su padre pintaba y que le gustaría verme a mí. Por
lo tanto llegué a tener dos lugares de trabajo y me dí cuenta que
cuando pintaba delante de ella me sentía inspirado; no se como lo
hacia pero mis pinturas quedaban mucho mejor. Había encontrado a mi
musa de la inspiración y comenzó a nacer en mi interior un deseo
que al final cogió forma y tuve el valor de proponer.
Un día llegué a su casa con un
lienzo en blanco y ella me miró estrañada, normalmente todos los
trabajos que allí me llevaban los había empezado en el estudio de
mi casa, el cuál estaba en el granero. Además aquel lienzo era de
un tamaño mucho mayor a los que ella estaba acostumbrada a ver y a
los que yo estaba acostumbrado a pintar, pero el tamaño adecuado
para llevar a cabo lo que me traía entre manos. Deje la vergüenza a
un lado y le dije lo que quería hacer:
-Quiero pintar un desnudo y
quiero que tu seas mi modelo.
En su rostro se dibujo una
sonrisa y sus pómulos se sonrojaron.
-No lo sabes pero siempre había
querido eso, pero nunca te lo he dicho. Me alegra que me lo
propongas.
Sin
tapujos se desnudo al completo y se tumbo en la sabanas de la cama.
Tarde un rato en encontrar la postura adecuada en la que debía
colocarse y en varios momentos tuve que decirle que e mantuviera
quieta. Comencé trazando las líneas de guía, dibujando un
esqueleto de Ofelia con trazos suaves
y puntualizando en sus curvas. Lentamente
fui dibujando el contorno teniendo en cuenta las proporciones. Luego
pase a esbozar detalles como su cara,perlo,músculos,manos y pies, y
comenzando ya a borrar las líneas de guía. Posteriormente cuando
los contornos y líneas ya estaban perfiladas observe las partes en
que la luz se reflejaba y donde no había luz, para comenzar a añadri
sombras. Luego pase al fondo y por último me puse a jugar con los
colores hasta encontrar los tonos adecuados que dieran el mayor
parecido al tono de Ofelia y la hiciera brillar por su belleza en el
cuadro. Tarde aproximadamente dos semana sin ningún tipo de
descanso, desde que me despertaba hasta que llegaba la noche, que la
pasaba en su casa pintándola. Y no fue hasta el último día cuando
le dí los últimos tonos de brillo y color, cuando le mostré el
acabado final; ella quedo sorprendida y se dirigió corriendo hacia
mí, me besó y me susurró al oído: me encanta. Me cogió de la
mano y me llevo a la cama, fue allí donde me desnudo pausadamente
mientras nos besábamos,mis manos estaban manchadas de pintura y
cuando fui acariciando las curvas de su cuerpo dibujé líneas de
todos los colores, que hacían de su cuerpo un lienzo. Aquello me
excitó, las cosas que más placer me producían en la vida; el sexo
con Ofelia y la pintura, juntas en un solo acto, un acto en el que
nuestros cuerpos manchados de pintura se mezclaban para dar lugar a
una obra de arte; una obra que resultaba de por sí hermosa como la
vida misma.
Después de aquel día, me sentí
totalmente unido a ella. Casi un mes y medio después los
terratenientes y mi señor hicieron una celebración en honor a
aquel prospero año en el que la mayoría de las distintas cosechas
recogidas habían tenido gran éxito y además para anunciar que se
había aprobado el proyecto de construcción de una iglesia mayor en
el pueblo. A la que fue invitado todo el pueblo incluso los más
pobres pero estos últimos solo durante la primera parte de la
celebración y es durante esta cuando estuvo Ofelia. Durante esta
celebración recuerdo que mantuvimos alguna que otra conversación
corta y puramente formal-seguiamos sin querer levantar sospechas-,
todo mi tiempo estuvo requerido por mi familia, amigos, mi señor y
Allegra; quien de vez en cuando me agarraba del brazo y me llevaba a
rastrás a presentarme a alguna de sus amigas y en otras ocasiones a
bailar. Aquella noche cuando fui a ver a Ofelia después de la fiesta
la noté distante y fue la primera vez que discutimos, estaba claro
que había sentido celos de Allegra y además me culpaba a mi de no
haber mantenido la distancia con ella; me culpaba cuando no tenía
más opción. Fue entonces cuando yo le eche en cara que seguía con
aquella historia de que era pobre cuando era hija de Leandro y sería
bien recibida por mi padre e incluso podría permitirme casarme con
ella si supiera de quien era hija; todo el mundo había oído hablar
de ese gran pintor. Nunca olvidaré esa primera vez en la que
discutimos, parecía que aquello iba a llegar a un punto de no
retorno y tampoco olvidaré la primera vez que la vi llorar;
reaccionó así cuando le dije lo que pensaba lleno de ira. Entonces
fue cuando como si de un ráfaga de viento violenta se levantara me
echo a empujones de su casa yo intentaba tranquilizarla pero ella
cerró la puerta en mis narices. Aquella noche alguna que otros
vecinos se acercaron a sus ventanas a ver de donde procedían esos
gritos. Creía que mi vida se caía a pedazos, pero no era más que
el principio de mis preocupaciones.
Después de aquella pelea, los
vecinos del alrededor habían visto como salía de la casa de Ofelia
y algunos pudieron escuchar parte de la disputa. No tardo nada de
tiempo en que los echos comenzaran a ser sabidos y rumoreados por las
personas; y más cuando al día siguiente fue el mercado. Después de
dos días de la pelea mi padre llego a casa y me llamo enojado; me
pidió explicaciones acerca de los rumores que le habían llegado de
oídas de ciertos jornaleros que aquella mañana lo había comentado
imprudentemente delante de sus narices. Intente explicarme, pero no
me daba lugar para ello; cada vez que intentaba comenzar la historia
el me cortaba y comenzaba a propinar voces al cielo diciendo: ya
sabía yo que no era buena idea darle rienda sueltas a tus ideas y
ahora después de haberte dado la vida, una casa y comida; no sabes
agradecérmelo haciendo a esta familia más prospera. Entonces fue
cuando dijo lo que más temía y lo que había echo que mi cerebro
silenciera durante todo ese tiempo.
-No volverás a ver a esa chica,
nunca más volverás a visitarlas por las noches. Y dentro de un
semana te casarás con Allegra-dijo enojado.
-Pero papá no la amo, a quien
quiero es a esa chica que se llama Ofelia, es hija de Leandro; el
pintor. No es una simple campesina.
-Tú y tus pinturas, me da igual
de quien sea hija como si quiere serlo del mismísimo rey; te casarás
con Allegra la semana que viene los quieras o no ya esta todo hablado
con y sino quemaré tus cuadros y utensilios.
En este punto la sangre me hirvió
del enojo, mis cuadros más preciados estaban todos almacenado en el
granero y entre ellos el desnudo de Ofelia. Mi madre entro en la casa
e intento poner paz en el asunto, finalmente no pude convencerlo ya
que no me dejaba hablar. Salí de casa y pegué un portazo, aquella
noche la pase fuera de casa en un bar bebiendo cerveza y olvidándome
de lo ocurrido. No aparecía por mi casas hasta la mañana siguiente,
cuando sabía que como mucho estaría mi madre ya que mi hermano y
padre estarían trabajando; ella intento consolarme aún así no fue
capaz de imponerse a la idea de padre en casarme por obligación con
Allegra aunque la viera injusta.
Dos días más tarde de aquello
cuando yo creía que no volvería a verla jamás y que incluso se
había ido del pueblo-no fui capaz de volver a su casa y
encontrármela vacía, prefería alejarme de ella y vivir con la idea
de que la vería por la calle-, por el echo de haber escuchado algo
sobre la boda; llegó un joven de unos once años aparentemente y me
dijo que tenía un mensaje para mí de una señorita. En cuanto
escuche el mensaje que aquel chico traía, corrí como alma que lleva
el diablo, recorrí la plaza mayor donde se concentraba el mercado
los viernes de cada semana y callejee por los barrios marginales
hasta llegar a casa de Ofelia; no me importo que nadie me viera.
Llame con los puños a la puerta desenfrenadamente y después de
varios toques, abrió. Entré, cerró la puerta tras de mí y la
bese. Ella me correspondió el beso.
-¡Me perdonas! O Al menos eso me
ha dicho el chico.
-Si, lo he sopesado y no puedo
soportar estar un día más sin verte. Por otro lado comprendo tu
enfado, porque no he sido totalmente sincera contigo, debía
habértelo dicho antes; pero creía que si te lo contaba cambiarían
las cosas.
-¿A que te refieres?-pregunté
con curiosidad, en su expresión podía entrever la culpabilidad.
-Es cierto que mi padre me dejo
una herencia, pero nunca te hablé de mi hermano. Este es diez años
mayor que yo y al ser varón se llevo la gran parte del dinero de
herencia; yo y él nunca nos hemos llevado bien. Mi parte real, se
correspondía con un tercio del total, y a eso debes restarle la
contribución que se lleva el alguacil. Con el dinero restante viaje
a varias ciudades buscando mi nuevo hogar y en uno de estos trayectos
sufrí un robo por suerte no sufrí daños ya que me encontró un
grupo de viajeros y los ladrones solo se llevaron las monedas-hizo
una pausa para tomar aire y tranquilizarse y observar mi expresión;
y para limpiarse los ojos que comenzaron a ponersele algo llorosos-.
En realidad el dinero del que dispongo me da para abasto como mucho
para dos meses más. Siento haberte mentido.
Su confesión me pillo
desprevenido, pero no me enoje con ella; no era momento de aquello
cuando dentro de menos de una semana no podría estar con ella más.
-No importa, podremos salir de
esta, te amo de todas formas...-me puso un dedo en la boca y calle.
-No he terminado-esta vez se puso
más nerviosa al hablar e intranquila-. Desde hace casi un mes no he
vuelto a menstruar, y llevo unas semanas con náuseas y mareos-
respiro hondo, esbozo un sonrisa y pude ver que era muy feliz-. Estoy
embarazada, Dionisio vas a ser padre.
La noticia provocó en mi dos
reacciones. La idea de ser padre, no me disgustaba y de echo me lleno
de gran satisfacción y más si eso significaba formar una familia
con Ofelia. Pero por otro lado aquello hacia que las cosas se
complicaran, ahora si que no podría abandonar a Ofelia aunque la
boda estuviera a solo unos días. No iba a abandonar a ese hijo y a
la mujer a la que amaba. La bese y la abrace. Luego me separé de
ella y le puse mis brazos en sus hombros y le dije:
-Ahora ahí que pensar que hacer
con la boda que tengo dentro de unos días con Allegra, no pienso
dejarte-la cara de Ofelia se puso pálida-.
-¿Te casas?-dijo sorprendida, su
rostro se torno de repente de la felicidad absoluta a la más
dolorosa expresión de tristeza que había visto jamás.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Twitter oficial!
He decidido activar una cuenta twitter oficial de este blog, donde poder subir y avisar de cada entrada nueva que vaya escribiendo. Además para que mis lectores y seguidores comiencen a seguirme y poder realizar sugerencia o preguntas cuando deseen y de esta forma esta más cercano a los mayores participantes de mi blog, que sois ustedes mis lectores. La cuenta twitter es la siguiente:
@CiudaddelAlma
jueves, 1 de noviembre de 2012
Vinum-part.4
Tras decir su nombre comenzó a andar por el sendero en dirección al
lago sin decir ninguna palabra, espere a que dijera algo como que la
acompañara pero en lugar de eso volvió su mirada atrás e hizo un
gesto con la cabeza que indicaba que la siguiera. Caminamos uno junto
al otro durante un buen rato sin apenas abrir la boca, me preguntaba
si sabría si quiera a donde nos dirigíamos y no fue hasta pasado
unos minutos cuando dijo algo por primera vez después de sus nombre.
-Y tú nombre,¿cuál es?
-Me llamo Dionisio. ¿Sabes a dónde lleva este sendero?
-Sí, dentro de nada llegaremos a un claro del bosque donde hay un
gran lago. No puedo volver a los campos de tú padre tras lo
ocurrido, no me siento bien; necesito relajarme y descansar-hizo una
pausa como si estuviera buscando las palabras y continuó-. Y
necesito a un hombre que pueda protegerme en caso de que vuelva a
atacarme otro proscrito.
-Entiendo, por eso me has hecho entender que te siguiera y que no me
fuera y te dejará sola; ¿no?
Hice esa pregunta pero ella no la contesto en aquel instante, sino
que respondería más adelante. La pregunta quedo flotando alrededor
nuestra y de nuevo volvió a hacerse el silencio entre nosotros. Un
silencio que del todo no resultaba incómodo. Durante el poco
trayecto que quedaba para llegar al claro del bosque imaginé estar
con ella a solas en aquel maravilloso lugar. Pronto pudimos oír el
agua y ver delante nuestra como iba disminuyendo la vegetación y lo
altos árboles a nuestro alrededor dejando pasar la luz del sol.
Cuando por fin salimos al claro nos detuvimos y contemplamos
detenidamente nuestro alrededor . Los árboles rodeaban aquel jardín
natural y algunos se adentraban dando buenas sombras bajos las que
sentarse y dormir tranquilamente mientras escuchas el agua al fluir y
el canto de los pájaros. El suelo estaba cubierto por una amplia
gama de verdes y otro colores como amarillo, blanco, rojo, etc; las
flores que allí crecían hacían de aquel lugar una maravilla para
el sentido del olfato y el de la vista. Y toda aquella vegetación se
reflejaba sobre el agua cristalina del lago en el que desembocaba un
pequeño río y que continuaba su curso por una zona en la que el
lago hacia una bajada en forma de cascada chica. Aquel lugar seguía
igual que cuando en mi infancia, como si el tiempo se hubiera
detenido. Aquella visión del lago me hizo recordar mi niñez y me
hizo muy feliz volver a estar allí, pero esta vez acompañado de
Ofelia. Ella también se quedo contemplando aquel lugar un momentos
pero tras el cual se agacho y se quito sus zapatos desgastados, los
cogió con una mano y de repente salió corriendo hacia el lago.
Comenzó a corretear como si se tratara de una niña pequeña y en su
cara podía vislumbrare felicidad, y así estuvo varios segundos
hasta que agotada se tendió en el suelo y se quedó mirando hacia el
cielo.
-¿No vienes a acompañarme?-preguntó mientras permanecía allí
tendida boca arriba. Quitate los zapatos y siéntete parte de este
lugar.
Hice caso de lo que me decía y me quite los zapatos de piel y con
los pies desnudos comencé a andar hacia ella. Podía sentir bajo mi
pies la húmeda tierra y también sentí como la hierva rozaba mis
tobillos. Al principio aquel tacto me resulto extraño, nunca había
andado descalzo. Pero pronto me comencé a sentir como nunca me había
sentido, me sentí parte de aquel lugar como bien había dicho Ofelia
y me sentí salvaje, y comencé a correr hacia donde ella se
encontraba. Cuando llegue a donde ella estaba me detuve y la miré
desde arriba y mi aliento se detuvo por completo. Era la viva imagen
de la diosa Venus, la belleza pura rodeada de flores y verde que solo
hacía resaltar más sus colores y su sonrisa. Recobre la compostura
al momento y me tendí junto a ella y me quedé mirándola. Ella
volvió la cara hacia mí y comenzó a hablar.
-Antes me hiciste una pregunta y no te la conteste porque no sabía
muy bien como hacerlo. Puede que sea un poco idiota por lo que voy a
decir y más teniendo en cuenta mi situación...-se quedo en silencio
y pensativa.
-¿A que te refieres?- pregunté.
-Se a corrido el rumor por el pueblo de que tú padre quiere casarte
con la hija de nuestro señor, con Allegra. Pero tú nunca has
mostrado afecto hacia ella, creo que sería una injusticia que te
tuvieras que casar con ella por obligación cuando no la amas.
-¿Cómo estás tan segura de que no la amo?-está pregunta le pillo
desprevenida.
-Creo que no la amas porque solo eres capaz de amar a aquellas
mujeres que son tan bellas como las mujeres que salen en los cuadros
pintados por lo artistas más importantes de Italia, de tal forma que
te sientas inspirado por pintarlas tu mismo. ¿Me equivoco?
-No, estas en lo cierto. Pero si es voluntad de mi padre y y mi señor
deberé casarme con Allegra, a pesar de no ser la mujer más bella
que haya visto. ¿Cómo sabes que pintó? Nunca antes te había visto
por el pueblo ni mucho menos escuchado tu nombre.
-Te he estado observando desde que tuve noticias tuyas acerca de de
tu trabajo en una de las iglesias de Siena y fui personalmente a ver
tu obra pintada sobre las paredes del altar y la bóveda principal.
Quedé maravillada por la perfección de tus pinceladas y decidí
entonces que debía conocerte. He hecho un largo viaje hasta llegar a
este pueblo y me enteré de que tú padre buscaba gente para trabajar
sus tierra y tomé esta opción como la más posible para poder
acercarme a ti. Por desgracia todo se ha complicado y nos hemos
conocido de distinta forma a como lo tenía pensado.
-Me alegra saber que te gustó mi trabajo en aquella iglesia y que
has hecho todo ese viaje para conocerme, pero no entiendo porque
estabas tan interesada en presentarte ante mi.
-¿Has oído hablar de un tal pintor de Siena llamado Leandro?-dijo
con un tono en que se dejaba entrever la añoranza.
-Sí, he escuchado que fue un pintor de alta reputación por sus
trabajos en frescos de iglesias de la región y he seguido sus
técnicas en varios cuadros pintados por mí. Me hubiera gustado
conocerlo pero murió hace un año por una fuerte fiebre. ¿Y qué
tiene que ver él con todo esto?
-Leandro fue mi padre. Fui la niña de sus ojos y su inspiración
tras que mi madre hubiera muerto al darme a luz. Siempre lo apoye a
seguir adelante con sus encargos cuando sus fuerzas se diezmaban.
Tras su muerte me sentí desamparada y desdichada. No fue hasta que
vi tus frescos en aquella iglesia cuando volví a recuperar la
sonrisa. Lo deje todo atrás para poder conocer al hombre que me
había devuelto la felicidad y del que me he enamorado tanto de él
como de su pintura.
Su confesión me pillo desprevenido, no me esperaba para nada
aquello. Yo me había fijado en ella desde el primer momento en que
la vi y en aquel momento mi corazón se acelero porque ella me
gustaba y había dicho que sentía lo mismo por mí. Yo no dije nada
acerca de lo que acababa de ocurrir, de hecho no me salían las
palabras me había quedado mudo y mirándola a los ojos. Ofelia
acercó su mano a la mía y cogió la mía con cariño, mientras se
acercaba a mí. Cuando estuvo más próxima a mí rompí el silencio
que había quedado entre nosotros, pero no con palabras sino con un
beso. La bese una vez y luego otra, y otra vez. Y comenzamos a
acariciarnos nuestros cuerpos, desabroche los botones de su vestido
medio roto y pude contemplar sus senos por segunda vez y luego ella
me quito la camisa dejando mi torso al descubierto. Tumbados en la
hierva uno encima del otro acabamos totalmente desnudos como Dios
nos trajo al mundo y como Adan y Eva hicimos el amor en aquel
paraíso natural. Cuando culminamos el acto, el deseo entre nosotros
se había hecho más palpable, nos levantamos y desnudos nos
dirigimos hacia el lago, donde nos bañamos uno junto al otro.
viernes, 19 de octubre de 2012
Vinum-part.3
Conforme salió corriendo, pensé que quizás por lo sucedido no
volvería a verla más ya que le sería sencillo irse a otra aldea no
siendo sierva y encontrar allí trabajo, fuera de peligro. El hecho
de que no pudiera volver a verla me aterró y sin pensármelo dos
veces solté mi cesta dejando todos lo racimos que había recogido
esparcidos por el suelo y salí tras ella. Pase velozmente entre los
demás trabajadores que me miraron con sobresalto e incluso llegué a
tropezar con alguno, pero no dejé que nada me retuviera en poder
alcanzar a aquella chica. Ella volvió la vista atrás para ver si la
seguía y al verme corrió aún más, nunca había visto correr a una
mujer tanto pero en su situación; en la que podrían peligrar sus
preciosas manos por cometer robo, cualquiera correría como un ciervo
a punto de ser cazado. Yo solo quería alcanzarla para preguntarle su
nombre y decirle que mis labios se mantendrían sellados, pero claro
ella eso no lo sabía y al ver a un hombre corriendo detrás de ella
a grandes zancadas y gritándole que se detuviera no así más que
acentuar su temor y su carrera. La chica ante la desesperación de
escapar se dirigió hacia el bosque que estaba más al este de los
campos de cultivo; pensaría que no sería capaz de seguirla hasta
muy lejos ya que los bosques no son lugares seguro para nadie si va
solo y desarmado; en cualquier momento podrían asaltarme un grupo de
ladrones que huyeron de la ley en su día.
La seguí por el sendero del bosque pero conforme entramos en este su
paso se redujo debido a que los zapatos que llevaba los tenía
desgastados y el camino pedregoso y con relieve le hacia daños en
los pies. Yo también tuve que aminorar mi paso debido a que el
cansancio me estaba haciendo mella y pronto llegaría a la fatiga. La
chica llegó al final del camino donde surgía una encrucijada de
tres caminos, uno de ellos más estrecho y anegado por un mayor
número de plantas silvestres como si la gente apenas pasara por allí
a menudo. Cuando la vi escoger este camino para seguir adelante paré
en seco mi pies, recordaba a donde daba aquel sendero así que elegí
tomar un atajo por el cuál podría ir más tranquilo y a la misma
vez llegar antes que ella; además así ella creería que ya no la
seguía. Resulta que cuando era pequeño solía ir con mi madre y
hermano a un claro del bosque donde había un pequeño lago sobre el
que se vertían las aguas de un río, este estaba rodeado por árboles
y flores e todo tipo, mi madre solía sentase bajo la sombra de algún
árbol y allí se quedaba disfrutando de aquel paraje natural
mientras que yo y mi hermano jugábamos y nos bañábamos en la
orilla del lago. Tomé el atajo a través del espeso bosque,
sorteando los árboles y troncos caídos que me encontraba por el
suelo con mucho cuidado para no caer, mientras tanto rezaba porque
hubiera seguido del frente hacia el claro y no se hubiera desviado
más de la cuenta. De repente escuche un grito, después se hizo el
silencio y mi corazón comenzó a latir alteradamente y pude sentir
cada pulsación por todas mis extremidades. Nuevamente volví a
escuchar otros gritos, todos venían del mismo lugar y de la misma
persona, una mujer, pero cada uno de los gritos sonaban más
angustioso que el anterior. Lo primero que se me pasó por la cabeza
fue que la chica podría estar en peligro y si no era ella debía de
ser otra mujer, así que salí corriendo a toda carrera en dirección
hacia el lugar del que yo pensaba que provenía las las angustiosas
quejas. Y fue entonces al llegar cerca del sendero por donde ella
había tomado antes cuando la vi a ella y a un hombre, este le
acariciaba sus senos y le rasgaba el vestido con una navaja que
portaba el la única mano que le quedaba; la otra extremidad
posiblemente la perdió por robar y al cicatrizar se le quedo un feo
muñón. Al ver lo que aquel hombre le intentaba hacer a la muchacha
mientras esta forzaba para liberarse y poder escapar hizo que me
hirviera la sangre.
En un primer acto de ira comencé a correr en dirección a ellos dos
pero en cuanto me di cuenta de que iba desarmado me pare y me escondí
entre los matorrales entorno al sendero. Estaba claro que aquel
hombre se trataba de un proscrito y que no le importaría llegar a
asesinar o cometer cualquier otro delito cuando estaba viviendo fuera
de toda legislación y en busca y captura. Escondido entre los
arbustos seguí observando la escena aterrorizado y pensando en como
poder derribar las defensas de aquel hombre corpulento que se había
batido seguramente con algún que otro, entonces recordé a ver visto
un tronco grueso y duro en el suelo unos metros atrás. Con sigilo
volví hacia atrás lo más rápido que pude y mirando hacia el suelo
en busca de aquel tronco hasta que lo encontré y cuando lo cogí
parecía ser bastante macizo, era mi mejor opción y quizás única
como arma. Me dirigí de nuevo hacia el sendero y cuando estuve cerca
agarré bien el tronco con las dos manos y salí a toda carrera en
dirección a donde el hombre se encontraba, el cual estaba de espalda
a mí y mientras ajeno a mi presencia se maravillaba al contemplar la
imagen desnuda de la muchacha. Así que en ese momento de distracción
en el que solo tenía ojos para la chica y en el que se baja el
pantalón torpemente, me abalancé sobre él; pero pudo escuchar mis
pasos más cercanos y se volvió. A pesar de esto, no le dio tiempo
de reaccionar con demasiada rapidez y el propiné un garrotazo en
toda la cara dejandocela irreconocible. El proscrito se tambaleó de
un lado a otro, pero en cuanto recuperó la compostura a pesar del
daño que le había causado se aferró con su única mano a mi cuello
y apretó con fuerza. El aire comenzó a circular de dentro a fuera
de mi cuerpo con mayor dificultad, estaba claro que el hombre había
desarrollado una fuerza descomunal en su único brazo. Intenté
deshacerme de él propinándole unos cuantos garrotazos laterales
pero que no fueron muy efectivos ya que me constaba agarrar y
propinar un golpe mientras me faltaba el aire. Solté el tronco y
comencé a intentar apartar su mano de mi cuello; comenzaba a ser
efectivo pero era difícil apartar sus dedos de mi garganta y no
tenía tiempo ya que me faltaba el aire así que le di un rodillazo
en sus testículos y sus cuerpo entero se estremeció y luego sus
músculos se relajaron y calló al suelo mientras se lamentaba de
dolor. Cogí el garrote y le propine un golpe en la cabeza y quedo
inconsistente.
Cuando terminé con el proscrito mi aliento se encontraba totalmente
acelerado y mis músculos se encontraban entumecidos. Me dirigí
hacia donde estaba la chica de pie desnuda y cogí los harapos que
quedaban de su ropa y se los entregué mientras me tapaba los ojos
con las manos. Esperé a que se tapara un poco para preguntarle si
estaba bien y esta vez no huyó, sino que me contesto y me contó que
había ocurrido. Por suerte llegué antes de que el proscrito pudiera
hacerle nada salvo destrozarle su ropa. Aliviado y calmado porque
estuviera a salvo le ofrecí un pequeño trato, le propuse que yo no
contaría nada a mi padre de lo ocurrido siempre y cuando en aquel
mismo instante me dijera como se llamaba. Sus labios esbozaron una
sonrisa y de ellos salió una voz dulce que decía:
-Me llamo Ofelia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



