viernes, 21 de diciembre de 2012

Vinum-part.5

Desde el día en el que yacimos en aquel claro del bosque todo en la vida de ambos había cambiado. Se había vuelto una costumbre el echo de que cada noche de más de la mitad de los días de una semana, fuera a verla a la casita discreta que se había comprado Ofelia en los barrios más alejados del centro de la ciudad donde se encontraban la gran mayoría de los ciudadanos marginales. Cada una de esas visitas nocturnas se convirtieron el el momento más esperado por cada uno a lo largo del día, ya que decidimos aparentar que no había nada entre nosotros a la vista de los demás. Esta decisión traía consigo la consecuencia de tener que trabajar juntos y tener que evitar el deseo y no dirigirnos demasiado la palabra-si alguien hubiera visto al hijo de un terrateniente hablando demasiado con una simple campesina habría desconfiado-,pero las palabras sobraban cuando nos decíamos todo con la mirada. Por ello aquellas visitas se convirtieron frecuentemente en una forma de liberar aquel deseo retenido durante todo el día, pero también fueron la forma en la que nos fuimos conociendo mejor uno al otro; hablábamos de muchos temas diferentes, aún así nunca llegamos a pronunciar palabra de que sería de nuestro amor en un futuro. Estaba claro que no podíamos obviar el problema que existía con respecto a la idea de padre de casarme con Allegra- la hija de mi señor-, sin embargo nos hacía feliz la idea de no pensar en ello y así fue como dejamos pasar el tema, simplemente callándonos el inevitable y doloroso desenlace que nos deparaba el destino.

Cuando terminamos de recoger la cosecha Ofelia decidió no buscar ningún otro trabajo, según me había dicho su padre le dejo una notable herencia que le permitía autoabastecerse durante mínimo dos años y medio, siempre y cuando no gastará en ningún tipo de lujo. Sin embargo no me gustaba la idea, así que de vez en cuando llevaba algo de comida y le propuse varias veces mudarse a una casa más próxima, pero ella me replicaba diciendo que no podía pasar de ser pobre a rica en cuestión de días la gente sospecharía y el alguacil del pueblo sospecharía que habría robado. Al final desistí en mi empeño en que buscara trabajo, comenzara a llevar una vida como la de todo el mundo y dejara atrás esa falsa imagen de ser una campesina pobre. Como hice los años anteriores cuando terminé de ayudar a mi padre con la recogida de la vid, seguí ayudándolo algunos días a labrar la tierra para la próxima recolecta; pero además retome mi trabajo como pintor. Comencé terminando los últimos pedidos que me había quedado pendientes antes de la recogida, luego me llegaron cada vez más y más pedido; e incluso me había dicho Allegra que su padre pensaba hablar con el conde que buscaba a un pintor para que hiciera un retrato de su familia. No daba a basto, me faltaba tiempo material así que Ofelia al verme tan agobiado me dijo que no le importaba que algunas noches se llevara algún lienzo a su casa y allí adelantará parte del trabajo mientras charlaba con ella; una vez me dijo que le encanta ver como su padre pintaba y que le gustaría verme a mí. Por lo tanto llegué a tener dos lugares de trabajo y me dí cuenta que cuando pintaba delante de ella me sentía inspirado; no se como lo hacia pero mis pinturas quedaban mucho mejor. Había encontrado a mi musa de la inspiración y comenzó a nacer en mi interior un deseo que al final cogió forma y tuve el valor de proponer.

Un día llegué a su casa con un lienzo en blanco y ella me miró estrañada, normalmente todos los trabajos que allí me llevaban los había empezado en el estudio de mi casa, el cuál estaba en el granero. Además aquel lienzo era de un tamaño mucho mayor a los que ella estaba acostumbrada a ver y a los que yo estaba acostumbrado a pintar, pero el tamaño adecuado para llevar a cabo lo que me traía entre manos. Deje la vergüenza a un lado y le dije lo que quería hacer:

-Quiero pintar un desnudo y quiero que tu seas mi modelo.

En su rostro se dibujo una sonrisa y sus pómulos se sonrojaron.

-No lo sabes pero siempre había querido eso, pero nunca te lo he dicho. Me alegra que me lo propongas.

Sin tapujos se desnudo al completo y se tumbo en la sabanas de la cama. Tarde un rato en encontrar la postura adecuada en la que debía colocarse y en varios momentos tuve que decirle que e mantuviera quieta. Comencé trazando las líneas de guía, dibujando un esqueleto de Ofelia con trazos suaves y puntualizando en sus curvas. Lentamente fui dibujando el contorno teniendo en cuenta las proporciones. Luego pase a esbozar detalles como su cara,perlo,músculos,manos y pies, y comenzando ya a borrar las líneas de guía. Posteriormente cuando los contornos y líneas ya estaban perfiladas observe las partes en que la luz se reflejaba y donde no había luz, para comenzar a añadri sombras. Luego pase al fondo y por último me puse a jugar con los colores hasta encontrar los tonos adecuados que dieran el mayor parecido al tono de Ofelia y la hiciera brillar por su belleza en el cuadro. Tarde aproximadamente dos semana sin ningún tipo de descanso, desde que me despertaba hasta que llegaba la noche, que la pasaba en su casa pintándola. Y no fue hasta el último día cuando le dí los últimos tonos de brillo y color, cuando le mostré el acabado final; ella quedo sorprendida y se dirigió corriendo hacia mí, me besó y me susurró al oído: me encanta. Me cogió de la mano y me llevo a la cama, fue allí donde me desnudo pausadamente mientras nos besábamos,mis manos estaban manchadas de pintura y cuando fui acariciando las curvas de su cuerpo dibujé líneas de todos los colores, que hacían de su cuerpo un lienzo. Aquello me excitó, las cosas que más placer me producían en la vida; el sexo con Ofelia y la pintura, juntas en un solo acto, un acto en el que nuestros cuerpos manchados de pintura se mezclaban para dar lugar a una obra de arte; una obra que resultaba de por sí hermosa como la vida misma.

Después de aquel día, me sentí totalmente unido a ella. Casi un mes y medio después los terratenientes y mi señor hicieron una celebración en honor a aquel prospero año en el que la mayoría de las distintas cosechas recogidas habían tenido gran éxito y además para anunciar que se había aprobado el proyecto de construcción de una iglesia mayor en el pueblo. A la que fue invitado todo el pueblo incluso los más pobres pero estos últimos solo durante la primera parte de la celebración y es durante esta cuando estuvo Ofelia. Durante esta celebración recuerdo que mantuvimos alguna que otra conversación corta y puramente formal-seguiamos sin querer levantar sospechas-, todo mi tiempo estuvo requerido por mi familia, amigos, mi señor y Allegra; quien de vez en cuando me agarraba del brazo y me llevaba a rastrás a presentarme a alguna de sus amigas y en otras ocasiones a bailar. Aquella noche cuando fui a ver a Ofelia después de la fiesta la noté distante y fue la primera vez que discutimos, estaba claro que había sentido celos de Allegra y además me culpaba a mi de no haber mantenido la distancia con ella; me culpaba cuando no tenía más opción. Fue entonces cuando yo le eche en cara que seguía con aquella historia de que era pobre cuando era hija de Leandro y sería bien recibida por mi padre e incluso podría permitirme casarme con ella si supiera de quien era hija; todo el mundo había oído hablar de ese gran pintor. Nunca olvidaré esa primera vez en la que discutimos, parecía que aquello iba a llegar a un punto de no retorno y tampoco olvidaré la primera vez que la vi llorar; reaccionó así cuando le dije lo que pensaba lleno de ira. Entonces fue cuando como si de un ráfaga de viento violenta se levantara me echo a empujones de su casa yo intentaba tranquilizarla pero ella cerró la puerta en mis narices. Aquella noche alguna que otros vecinos se acercaron a sus ventanas a ver de donde procedían esos gritos. Creía que mi vida se caía a pedazos, pero no era más que el principio de mis preocupaciones.

Después de aquella pelea, los vecinos del alrededor habían visto como salía de la casa de Ofelia y algunos pudieron escuchar parte de la disputa. No tardo nada de tiempo en que los echos comenzaran a ser sabidos y rumoreados por las personas; y más cuando al día siguiente fue el mercado. Después de dos días de la pelea mi padre llego a casa y me llamo enojado; me pidió explicaciones acerca de los rumores que le habían llegado de oídas de ciertos jornaleros que aquella mañana lo había comentado imprudentemente delante de sus narices. Intente explicarme, pero no me daba lugar para ello; cada vez que intentaba comenzar la historia el me cortaba y comenzaba a propinar voces al cielo diciendo: ya sabía yo que no era buena idea darle rienda sueltas a tus ideas y ahora después de haberte dado la vida, una casa y comida; no sabes agradecérmelo haciendo a esta familia más prospera. Entonces fue cuando dijo lo que más temía y lo que había echo que mi cerebro silenciera durante todo ese tiempo.

-No volverás a ver a esa chica, nunca más volverás a visitarlas por las noches. Y dentro de un semana te casarás con Allegra-dijo enojado.

-Pero papá no la amo, a quien quiero es a esa chica que se llama Ofelia, es hija de Leandro; el pintor. No es una simple campesina.

-Tú y tus pinturas, me da igual de quien sea hija como si quiere serlo del mismísimo rey; te casarás con Allegra la semana que viene los quieras o no ya esta todo hablado con y sino quemaré tus cuadros y utensilios.

En este punto la sangre me hirvió del enojo, mis cuadros más preciados estaban todos almacenado en el granero y entre ellos el desnudo de Ofelia. Mi madre entro en la casa e intento poner paz en el asunto, finalmente no pude convencerlo ya que no me dejaba hablar. Salí de casa y pegué un portazo, aquella noche la pase fuera de casa en un bar bebiendo cerveza y olvidándome de lo ocurrido. No aparecía por mi casas hasta la mañana siguiente, cuando sabía que como mucho estaría mi madre ya que mi hermano y padre estarían trabajando; ella intento consolarme aún así no fue capaz de imponerse a la idea de padre en casarme por obligación con Allegra aunque la viera injusta.

Dos días más tarde de aquello cuando yo creía que no volvería a verla jamás y que incluso se había ido del pueblo-no fui capaz de volver a su casa y encontrármela vacía, prefería alejarme de ella y vivir con la idea de que la vería por la calle-, por el echo de haber escuchado algo sobre la boda; llegó un joven de unos once años aparentemente y me dijo que tenía un mensaje para mí de una señorita. En cuanto escuche el mensaje que aquel chico traía, corrí como alma que lleva el diablo, recorrí la plaza mayor donde se concentraba el mercado los viernes de cada semana y callejee por los barrios marginales hasta llegar a casa de Ofelia; no me importo que nadie me viera. Llame con los puños a la puerta desenfrenadamente y después de varios toques, abrió. Entré, cerró la puerta tras de mí y la bese. Ella me correspondió el beso.

-¡Me perdonas! O Al menos eso me ha dicho el chico.

-Si, lo he sopesado y no puedo soportar estar un día más sin verte. Por otro lado comprendo tu enfado, porque no he sido totalmente sincera contigo, debía habértelo dicho antes; pero creía que si te lo contaba cambiarían las cosas.

-¿A que te refieres?-pregunté con curiosidad, en su expresión podía entrever la culpabilidad.

-Es cierto que mi padre me dejo una herencia, pero nunca te hablé de mi hermano. Este es diez años mayor que yo y al ser varón se llevo la gran parte del dinero de herencia; yo y él nunca nos hemos llevado bien. Mi parte real, se correspondía con un tercio del total, y a eso debes restarle la contribución que se lleva el alguacil. Con el dinero restante viaje a varias ciudades buscando mi nuevo hogar y en uno de estos trayectos sufrí un robo por suerte no sufrí daños ya que me encontró un grupo de viajeros y los ladrones solo se llevaron las monedas-hizo una pausa para tomar aire y tranquilizarse y observar mi expresión; y para limpiarse los ojos que comenzaron a ponersele algo llorosos-. En realidad el dinero del que dispongo me da para abasto como mucho para dos meses más. Siento haberte mentido.

Su confesión me pillo desprevenido, pero no me enoje con ella; no era momento de aquello cuando dentro de menos de una semana no podría estar con ella más.

-No importa, podremos salir de esta, te amo de todas formas...-me puso un dedo en la boca y calle.

-No he terminado-esta vez se puso más nerviosa al hablar e intranquila-. Desde hace casi un mes no he vuelto a menstruar, y llevo unas semanas con náuseas y mareos- respiro hondo, esbozo un sonrisa y pude ver que era muy feliz-. Estoy embarazada, Dionisio vas a ser padre.

La noticia provocó en mi dos reacciones. La idea de ser padre, no me disgustaba y de echo me lleno de gran satisfacción y más si eso significaba formar una familia con Ofelia. Pero por otro lado aquello hacia que las cosas se complicaran, ahora si que no podría abandonar a Ofelia aunque la boda estuviera a solo unos días. No iba a abandonar a ese hijo y a la mujer a la que amaba. La bese y la abrace. Luego me separé de ella y le puse mis brazos en sus hombros y le dije:

-Ahora ahí que pensar que hacer con la boda que tengo dentro de unos días con Allegra, no pienso dejarte-la cara de Ofelia se puso pálida-.

-¿Te casas?-dijo sorprendida, su rostro se torno de repente de la felicidad absoluta a la más dolorosa expresión de tristeza que había visto jamás.


jueves, 8 de noviembre de 2012

Twitter oficial!

He decidido activar una cuenta twitter oficial de este blog, donde poder subir y avisar de cada entrada nueva que vaya escribiendo. Además para que mis lectores y seguidores comiencen a seguirme y poder realizar sugerencia o preguntas cuando deseen y de esta forma esta más cercano a los mayores participantes de mi blog, que sois ustedes mis lectores. La cuenta twitter es la siguiente:

@CiudaddelAlma

jueves, 1 de noviembre de 2012

Vinum-part.4

 Tras decir su nombre comenzó a andar por el sendero en dirección al lago sin decir ninguna palabra, espere a que dijera algo como que la acompañara pero en lugar de eso volvió su mirada atrás e hizo un gesto con la cabeza que indicaba que la siguiera. Caminamos uno junto al otro durante un buen rato sin apenas abrir la boca, me preguntaba si sabría si quiera a donde nos dirigíamos y no fue hasta pasado unos minutos cuando dijo algo por primera vez después de sus nombre.

-Y tú nombre,¿cuál es?

-Me llamo Dionisio. ¿Sabes a dónde lleva este sendero?

-Sí, dentro de nada llegaremos a un claro del bosque donde hay un gran lago. No puedo volver a los campos de tú padre tras lo ocurrido, no me siento bien; necesito relajarme y descansar-hizo una pausa como si estuviera buscando las palabras y continuó-. Y necesito a un hombre que pueda protegerme en caso de que vuelva a atacarme otro proscrito.

-Entiendo, por eso me has hecho entender que te siguiera y que no me fuera y te dejará sola; ¿no?

Hice esa pregunta pero ella no la contesto en aquel instante, sino que respondería más adelante. La pregunta quedo flotando alrededor nuestra y de nuevo volvió a hacerse el silencio entre nosotros. Un silencio que del todo no resultaba incómodo. Durante el poco trayecto que quedaba para llegar al claro del bosque imaginé estar con ella a solas en aquel maravilloso lugar. Pronto pudimos oír el agua y ver delante nuestra como iba disminuyendo la vegetación y lo altos árboles a nuestro alrededor dejando pasar la luz del sol. Cuando por fin salimos al claro nos detuvimos y contemplamos detenidamente nuestro alrededor . Los árboles rodeaban aquel jardín natural y algunos se adentraban dando buenas sombras bajos las que sentarse y dormir tranquilamente mientras escuchas el agua al fluir y el canto de los pájaros. El suelo estaba cubierto por una amplia gama de verdes y otro colores como amarillo, blanco, rojo, etc; las flores que allí crecían hacían de aquel lugar una maravilla para el sentido del olfato y el de la vista. Y toda aquella vegetación se reflejaba sobre el agua cristalina del lago en el que desembocaba un pequeño río y que continuaba su curso por una zona en la que el lago hacia una bajada en forma de cascada chica. Aquel lugar seguía igual que cuando en mi infancia, como si el tiempo se hubiera detenido. Aquella visión del lago me hizo recordar mi niñez y me hizo muy feliz volver a estar allí, pero esta vez acompañado de Ofelia. Ella también se quedo contemplando aquel lugar un momentos pero tras el cual se agacho y se quito sus zapatos desgastados, los cogió con una mano y de repente salió corriendo hacia el lago. Comenzó a corretear como si se tratara de una niña pequeña y en su cara podía vislumbrare felicidad, y así estuvo varios segundos hasta que agotada se tendió en el suelo y se quedó mirando hacia el cielo.

-¿No vienes a acompañarme?-preguntó mientras permanecía allí tendida boca arriba. Quitate los zapatos y siéntete parte de este lugar.

Hice caso de lo que me decía y me quite los zapatos de piel y con los pies desnudos comencé a andar hacia ella. Podía sentir bajo mi pies la húmeda tierra y también sentí como la hierva rozaba mis tobillos. Al principio aquel tacto me resulto extraño, nunca había andado descalzo. Pero pronto me comencé a sentir como nunca me había sentido, me sentí parte de aquel lugar como bien había dicho Ofelia y me sentí salvaje, y comencé a correr hacia donde ella se encontraba. Cuando llegue a donde ella estaba me detuve y la miré desde arriba y mi aliento se detuvo por completo. Era la viva imagen de la diosa Venus, la belleza pura rodeada de flores y verde que solo hacía resaltar más sus colores y su sonrisa. Recobre la compostura al momento y me tendí junto a ella y me quedé mirándola. Ella volvió la cara hacia mí y comenzó a hablar.

-Antes me hiciste una pregunta y no te la conteste porque no sabía muy bien como hacerlo. Puede que sea un poco idiota por lo que voy a decir y más teniendo en cuenta mi situación...-se quedo en silencio y pensativa.

-¿A que te refieres?- pregunté.

-Se a corrido el rumor por el pueblo de que tú padre quiere casarte con la hija de nuestro señor, con Allegra. Pero tú nunca has mostrado afecto hacia ella, creo que sería una injusticia que te tuvieras que casar con ella por obligación cuando no la amas.

-¿Cómo estás tan segura de que no la amo?-está pregunta le pillo desprevenida.

-Creo que no la amas porque solo eres capaz de amar a aquellas mujeres que son tan bellas como las mujeres que salen en los cuadros pintados por lo artistas más importantes de Italia, de tal forma que te sientas inspirado por pintarlas tu mismo. ¿Me equivoco?

-No, estas en lo cierto. Pero si es voluntad de mi padre y y mi señor deberé casarme con Allegra, a pesar de no ser la mujer más bella que haya visto. ¿Cómo sabes que pintó? Nunca antes te había visto por el pueblo ni mucho menos escuchado tu nombre.

-Te he estado observando desde que tuve noticias tuyas acerca de de tu trabajo en una de las iglesias de Siena y fui personalmente a ver tu obra pintada sobre las paredes del altar y la bóveda principal. Quedé maravillada por la perfección de tus pinceladas y decidí entonces que debía conocerte. He hecho un largo viaje hasta llegar a este pueblo y me enteré de que tú padre buscaba gente para trabajar sus tierra y tomé esta opción como la más posible para poder acercarme a ti. Por desgracia todo se ha complicado y nos hemos conocido de distinta forma a como lo tenía pensado.

-Me alegra saber que te gustó mi trabajo en aquella iglesia y que has hecho todo ese viaje para conocerme, pero no entiendo porque estabas tan interesada en presentarte ante mi.

-¿Has oído hablar de un tal pintor de Siena llamado Leandro?-dijo con un tono en que se dejaba entrever la añoranza.

-Sí, he escuchado que fue un pintor de alta reputación por sus trabajos en frescos de iglesias de la región y he seguido sus técnicas en varios cuadros pintados por mí. Me hubiera gustado conocerlo pero murió hace un año por una fuerte fiebre. ¿Y qué tiene que ver él con todo esto?

-Leandro fue mi padre. Fui la niña de sus ojos y su inspiración tras que mi madre hubiera muerto al darme a luz. Siempre lo apoye a seguir adelante con sus encargos cuando sus fuerzas se diezmaban. Tras su muerte me sentí desamparada y desdichada. No fue hasta que vi tus frescos en aquella iglesia cuando volví a recuperar la sonrisa. Lo deje todo atrás para poder conocer al hombre que me había devuelto la felicidad y del que me he enamorado tanto de él como de su pintura.

 Su confesión me pillo desprevenido, no me esperaba para nada aquello. Yo me había fijado en ella desde el primer momento en que la vi y en aquel momento mi corazón se acelero porque ella me gustaba y había dicho que sentía lo mismo por mí. Yo no dije nada acerca de lo que acababa de ocurrir, de hecho no me salían las palabras me había quedado mudo y mirándola a los ojos. Ofelia acercó su mano a la mía y cogió la mía con cariño, mientras se acercaba a mí. Cuando estuvo más próxima a mí rompí el silencio que había quedado entre nosotros, pero no con palabras sino con un beso. La bese una vez y luego otra, y otra vez. Y comenzamos a acariciarnos nuestros cuerpos, desabroche los botones de su vestido medio roto y pude contemplar sus senos por segunda vez y luego ella me quito la camisa dejando mi torso al descubierto. Tumbados en la hierva uno encima del otro acabamos totalmente desnudos como Dios nos trajo al mundo y como Adan y Eva hicimos el amor en aquel paraíso natural. Cuando culminamos el acto, el deseo entre nosotros se había hecho más palpable, nos levantamos y desnudos nos dirigimos hacia el lago, donde nos bañamos uno junto al otro.



viernes, 19 de octubre de 2012

Vinum-part.3


 Conforme salió corriendo, pensé que quizás por lo sucedido no volvería a verla más ya que le sería sencillo irse a otra aldea no siendo sierva y encontrar allí trabajo, fuera de peligro. El hecho de que no pudiera volver a verla me aterró y sin pensármelo dos veces solté mi cesta dejando todos lo racimos que había recogido esparcidos por el suelo y salí tras ella. Pase velozmente entre los demás trabajadores que me miraron con sobresalto e incluso llegué a tropezar con alguno, pero no dejé que nada me retuviera en poder alcanzar a aquella chica. Ella volvió la vista atrás para ver si la seguía y al verme corrió aún más, nunca había visto correr a una mujer tanto pero en su situación; en la que podrían peligrar sus preciosas manos por cometer robo, cualquiera correría como un ciervo a punto de ser cazado. Yo solo quería alcanzarla para preguntarle su nombre y decirle que mis labios se mantendrían sellados, pero claro ella eso no lo sabía y al ver a un hombre corriendo detrás de ella a grandes zancadas y gritándole que se detuviera no así más que acentuar su temor y su carrera. La chica ante la desesperación de escapar se dirigió hacia el bosque que estaba más al este de los campos de cultivo; pensaría que no sería capaz de seguirla hasta muy lejos ya que los bosques no son lugares seguro para nadie si va solo y desarmado; en cualquier momento podrían asaltarme un grupo de ladrones que huyeron de la ley en su día.

La seguí por el sendero del bosque pero conforme entramos en este su paso se redujo debido a que los zapatos que llevaba los tenía desgastados y el camino pedregoso y con relieve le hacia daños en los pies. Yo también tuve que aminorar mi paso debido a que el cansancio me estaba haciendo mella y pronto llegaría a la fatiga. La chica llegó al final del camino donde surgía una encrucijada de tres caminos, uno de ellos más estrecho y anegado por un mayor número de plantas silvestres como si la gente apenas pasara por allí a menudo. Cuando la vi escoger este camino para seguir adelante paré en seco mi pies, recordaba a donde daba aquel sendero así que elegí tomar un atajo por el cuál podría ir más tranquilo y a la misma vez llegar antes que ella; además así ella creería que ya no la seguía. Resulta que cuando era pequeño solía ir con mi madre y hermano a un claro del bosque donde había un pequeño lago sobre el que se vertían las aguas de un río, este estaba rodeado por árboles y flores e todo tipo, mi madre solía sentase bajo la sombra de algún árbol y allí se quedaba disfrutando de aquel paraje natural mientras que yo y mi hermano jugábamos y nos bañábamos en la orilla del lago. Tomé el atajo a través del espeso bosque, sorteando los árboles y troncos caídos que me encontraba por el suelo con mucho cuidado para no caer, mientras tanto rezaba porque hubiera seguido del frente hacia el claro y no se hubiera desviado más de la cuenta. De repente escuche un grito, después se hizo el silencio y mi corazón comenzó a latir alteradamente y pude sentir cada pulsación por todas mis extremidades. Nuevamente volví a escuchar otros gritos, todos venían del mismo lugar y de la misma persona, una mujer, pero cada uno de los gritos sonaban más angustioso que el anterior. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue que la chica podría estar en peligro y si no era ella debía de ser otra mujer, así que salí corriendo a toda carrera en dirección hacia el lugar del que yo pensaba que provenía las las angustiosas quejas. Y fue entonces al llegar cerca del sendero por donde ella había tomado antes cuando la vi a ella y a un hombre, este le acariciaba sus senos y le rasgaba el vestido con una navaja que portaba el la única mano que le quedaba; la otra extremidad posiblemente la perdió por robar y al cicatrizar se le quedo un feo muñón. Al ver lo que aquel hombre le intentaba hacer a la muchacha mientras esta forzaba para liberarse y poder escapar hizo que me hirviera la sangre.

En un primer acto de ira comencé a correr en dirección a ellos dos pero en cuanto me di cuenta de que iba desarmado me pare y me escondí entre los matorrales entorno al sendero. Estaba claro que aquel hombre se trataba de un proscrito y que no le importaría llegar a asesinar o cometer cualquier otro delito cuando estaba viviendo fuera de toda legislación y en busca y captura. Escondido entre los arbustos seguí observando la escena aterrorizado y pensando en como poder derribar las defensas de aquel hombre corpulento que se había batido seguramente con algún que otro, entonces recordé a ver visto un tronco grueso y duro en el suelo unos metros atrás. Con sigilo volví hacia atrás lo más rápido que pude y mirando hacia el suelo en busca de aquel tronco hasta que lo encontré y cuando lo cogí parecía ser bastante macizo, era mi mejor opción y quizás única como arma. Me dirigí de nuevo hacia el sendero y cuando estuve cerca agarré bien el tronco con las dos manos y salí a toda carrera en dirección a donde el hombre se encontraba, el cual estaba de espalda a mí y mientras ajeno a mi presencia se maravillaba al contemplar la imagen desnuda de la muchacha. Así que en ese momento de distracción en el que solo tenía ojos para la chica y en el que se baja el pantalón torpemente, me abalancé sobre él; pero pudo escuchar mis pasos más cercanos y se volvió. A pesar de esto, no le dio tiempo de reaccionar con demasiada rapidez y el propiné un garrotazo en toda la cara dejandocela irreconocible. El proscrito se tambaleó de un lado a otro, pero en cuanto recuperó la compostura a pesar del daño que le había causado se aferró con su única mano a mi cuello y apretó con fuerza. El aire comenzó a circular de dentro a fuera de mi cuerpo con mayor dificultad, estaba claro que el hombre había desarrollado una fuerza descomunal en su único brazo. Intenté deshacerme de él propinándole unos cuantos garrotazos laterales pero que no fueron muy efectivos ya que me constaba agarrar y propinar un golpe mientras me faltaba el aire. Solté el tronco y comencé a intentar apartar su mano de mi cuello; comenzaba a ser efectivo pero era difícil apartar sus dedos de mi garganta y no tenía tiempo ya que me faltaba el aire así que le di un rodillazo en sus testículos y sus cuerpo entero se estremeció y luego sus músculos se relajaron y calló al suelo mientras se lamentaba de dolor. Cogí el garrote y le propine un golpe en la cabeza y quedo inconsistente.

Cuando terminé con el proscrito mi aliento se encontraba totalmente acelerado y mis músculos se encontraban entumecidos. Me dirigí hacia donde estaba la chica de pie desnuda y cogí los harapos que quedaban de su ropa y se los entregué mientras me tapaba los ojos con las manos. Esperé a que se tapara un poco para preguntarle si estaba bien y esta vez no huyó, sino que me contesto y me contó que había ocurrido. Por suerte llegué antes de que el proscrito pudiera hacerle nada salvo destrozarle su ropa. Aliviado y calmado porque estuviera a salvo le ofrecí un pequeño trato, le propuse que yo no contaría nada a mi padre de lo ocurrido siempre y cuando en aquel mismo instante me dijera como se llamaba. Sus labios esbozaron una sonrisa y de ellos salió una voz dulce que decía:

-Me llamo Ofelia.