Conforme salió corriendo, pensé que quizás por lo sucedido no
volvería a verla más ya que le sería sencillo irse a otra aldea no
siendo sierva y encontrar allí trabajo, fuera de peligro. El hecho
de que no pudiera volver a verla me aterró y sin pensármelo dos
veces solté mi cesta dejando todos lo racimos que había recogido
esparcidos por el suelo y salí tras ella. Pase velozmente entre los
demás trabajadores que me miraron con sobresalto e incluso llegué a
tropezar con alguno, pero no dejé que nada me retuviera en poder
alcanzar a aquella chica. Ella volvió la vista atrás para ver si la
seguía y al verme corrió aún más, nunca había visto correr a una
mujer tanto pero en su situación; en la que podrían peligrar sus
preciosas manos por cometer robo, cualquiera correría como un ciervo
a punto de ser cazado. Yo solo quería alcanzarla para preguntarle su
nombre y decirle que mis labios se mantendrían sellados, pero claro
ella eso no lo sabía y al ver a un hombre corriendo detrás de ella
a grandes zancadas y gritándole que se detuviera no así más que
acentuar su temor y su carrera. La chica ante la desesperación de
escapar se dirigió hacia el bosque que estaba más al este de los
campos de cultivo; pensaría que no sería capaz de seguirla hasta
muy lejos ya que los bosques no son lugares seguro para nadie si va
solo y desarmado; en cualquier momento podrían asaltarme un grupo de
ladrones que huyeron de la ley en su día.
La seguí por el sendero del bosque pero conforme entramos en este su
paso se redujo debido a que los zapatos que llevaba los tenía
desgastados y el camino pedregoso y con relieve le hacia daños en
los pies. Yo también tuve que aminorar mi paso debido a que el
cansancio me estaba haciendo mella y pronto llegaría a la fatiga. La
chica llegó al final del camino donde surgía una encrucijada de
tres caminos, uno de ellos más estrecho y anegado por un mayor
número de plantas silvestres como si la gente apenas pasara por allí
a menudo. Cuando la vi escoger este camino para seguir adelante paré
en seco mi pies, recordaba a donde daba aquel sendero así que elegí
tomar un atajo por el cuál podría ir más tranquilo y a la misma
vez llegar antes que ella; además así ella creería que ya no la
seguía. Resulta que cuando era pequeño solía ir con mi madre y
hermano a un claro del bosque donde había un pequeño lago sobre el
que se vertían las aguas de un río, este estaba rodeado por árboles
y flores e todo tipo, mi madre solía sentase bajo la sombra de algún
árbol y allí se quedaba disfrutando de aquel paraje natural
mientras que yo y mi hermano jugábamos y nos bañábamos en la
orilla del lago. Tomé el atajo a través del espeso bosque,
sorteando los árboles y troncos caídos que me encontraba por el
suelo con mucho cuidado para no caer, mientras tanto rezaba porque
hubiera seguido del frente hacia el claro y no se hubiera desviado
más de la cuenta. De repente escuche un grito, después se hizo el
silencio y mi corazón comenzó a latir alteradamente y pude sentir
cada pulsación por todas mis extremidades. Nuevamente volví a
escuchar otros gritos, todos venían del mismo lugar y de la misma
persona, una mujer, pero cada uno de los gritos sonaban más
angustioso que el anterior. Lo primero que se me pasó por la cabeza
fue que la chica podría estar en peligro y si no era ella debía de
ser otra mujer, así que salí corriendo a toda carrera en dirección
hacia el lugar del que yo pensaba que provenía las las angustiosas
quejas. Y fue entonces al llegar cerca del sendero por donde ella
había tomado antes cuando la vi a ella y a un hombre, este le
acariciaba sus senos y le rasgaba el vestido con una navaja que
portaba el la única mano que le quedaba; la otra extremidad
posiblemente la perdió por robar y al cicatrizar se le quedo un feo
muñón. Al ver lo que aquel hombre le intentaba hacer a la muchacha
mientras esta forzaba para liberarse y poder escapar hizo que me
hirviera la sangre.
En un primer acto de ira comencé a correr en dirección a ellos dos
pero en cuanto me di cuenta de que iba desarmado me pare y me escondí
entre los matorrales entorno al sendero. Estaba claro que aquel
hombre se trataba de un proscrito y que no le importaría llegar a
asesinar o cometer cualquier otro delito cuando estaba viviendo fuera
de toda legislación y en busca y captura. Escondido entre los
arbustos seguí observando la escena aterrorizado y pensando en como
poder derribar las defensas de aquel hombre corpulento que se había
batido seguramente con algún que otro, entonces recordé a ver visto
un tronco grueso y duro en el suelo unos metros atrás. Con sigilo
volví hacia atrás lo más rápido que pude y mirando hacia el suelo
en busca de aquel tronco hasta que lo encontré y cuando lo cogí
parecía ser bastante macizo, era mi mejor opción y quizás única
como arma. Me dirigí de nuevo hacia el sendero y cuando estuve cerca
agarré bien el tronco con las dos manos y salí a toda carrera en
dirección a donde el hombre se encontraba, el cual estaba de espalda
a mí y mientras ajeno a mi presencia se maravillaba al contemplar la
imagen desnuda de la muchacha. Así que en ese momento de distracción
en el que solo tenía ojos para la chica y en el que se baja el
pantalón torpemente, me abalancé sobre él; pero pudo escuchar mis
pasos más cercanos y se volvió. A pesar de esto, no le dio tiempo
de reaccionar con demasiada rapidez y el propiné un garrotazo en
toda la cara dejandocela irreconocible. El proscrito se tambaleó de
un lado a otro, pero en cuanto recuperó la compostura a pesar del
daño que le había causado se aferró con su única mano a mi cuello
y apretó con fuerza. El aire comenzó a circular de dentro a fuera
de mi cuerpo con mayor dificultad, estaba claro que el hombre había
desarrollado una fuerza descomunal en su único brazo. Intenté
deshacerme de él propinándole unos cuantos garrotazos laterales
pero que no fueron muy efectivos ya que me constaba agarrar y
propinar un golpe mientras me faltaba el aire. Solté el tronco y
comencé a intentar apartar su mano de mi cuello; comenzaba a ser
efectivo pero era difícil apartar sus dedos de mi garganta y no
tenía tiempo ya que me faltaba el aire así que le di un rodillazo
en sus testículos y sus cuerpo entero se estremeció y luego sus
músculos se relajaron y calló al suelo mientras se lamentaba de
dolor. Cogí el garrote y le propine un golpe en la cabeza y quedo
inconsistente.
Cuando terminé con el proscrito mi aliento se encontraba totalmente
acelerado y mis músculos se encontraban entumecidos. Me dirigí
hacia donde estaba la chica de pie desnuda y cogí los harapos que
quedaban de su ropa y se los entregué mientras me tapaba los ojos
con las manos. Esperé a que se tapara un poco para preguntarle si
estaba bien y esta vez no huyó, sino que me contesto y me contó que
había ocurrido. Por suerte llegué antes de que el proscrito pudiera
hacerle nada salvo destrozarle su ropa. Aliviado y calmado porque
estuviera a salvo le ofrecí un pequeño trato, le propuse que yo no
contaría nada a mi padre de lo ocurrido siempre y cuando en aquel
mismo instante me dijera como se llamaba. Sus labios esbozaron una
sonrisa y de ellos salió una voz dulce que decía:
-Me llamo Ofelia.

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