viernes, 19 de octubre de 2012

Vinum-part.3


 Conforme salió corriendo, pensé que quizás por lo sucedido no volvería a verla más ya que le sería sencillo irse a otra aldea no siendo sierva y encontrar allí trabajo, fuera de peligro. El hecho de que no pudiera volver a verla me aterró y sin pensármelo dos veces solté mi cesta dejando todos lo racimos que había recogido esparcidos por el suelo y salí tras ella. Pase velozmente entre los demás trabajadores que me miraron con sobresalto e incluso llegué a tropezar con alguno, pero no dejé que nada me retuviera en poder alcanzar a aquella chica. Ella volvió la vista atrás para ver si la seguía y al verme corrió aún más, nunca había visto correr a una mujer tanto pero en su situación; en la que podrían peligrar sus preciosas manos por cometer robo, cualquiera correría como un ciervo a punto de ser cazado. Yo solo quería alcanzarla para preguntarle su nombre y decirle que mis labios se mantendrían sellados, pero claro ella eso no lo sabía y al ver a un hombre corriendo detrás de ella a grandes zancadas y gritándole que se detuviera no así más que acentuar su temor y su carrera. La chica ante la desesperación de escapar se dirigió hacia el bosque que estaba más al este de los campos de cultivo; pensaría que no sería capaz de seguirla hasta muy lejos ya que los bosques no son lugares seguro para nadie si va solo y desarmado; en cualquier momento podrían asaltarme un grupo de ladrones que huyeron de la ley en su día.

La seguí por el sendero del bosque pero conforme entramos en este su paso se redujo debido a que los zapatos que llevaba los tenía desgastados y el camino pedregoso y con relieve le hacia daños en los pies. Yo también tuve que aminorar mi paso debido a que el cansancio me estaba haciendo mella y pronto llegaría a la fatiga. La chica llegó al final del camino donde surgía una encrucijada de tres caminos, uno de ellos más estrecho y anegado por un mayor número de plantas silvestres como si la gente apenas pasara por allí a menudo. Cuando la vi escoger este camino para seguir adelante paré en seco mi pies, recordaba a donde daba aquel sendero así que elegí tomar un atajo por el cuál podría ir más tranquilo y a la misma vez llegar antes que ella; además así ella creería que ya no la seguía. Resulta que cuando era pequeño solía ir con mi madre y hermano a un claro del bosque donde había un pequeño lago sobre el que se vertían las aguas de un río, este estaba rodeado por árboles y flores e todo tipo, mi madre solía sentase bajo la sombra de algún árbol y allí se quedaba disfrutando de aquel paraje natural mientras que yo y mi hermano jugábamos y nos bañábamos en la orilla del lago. Tomé el atajo a través del espeso bosque, sorteando los árboles y troncos caídos que me encontraba por el suelo con mucho cuidado para no caer, mientras tanto rezaba porque hubiera seguido del frente hacia el claro y no se hubiera desviado más de la cuenta. De repente escuche un grito, después se hizo el silencio y mi corazón comenzó a latir alteradamente y pude sentir cada pulsación por todas mis extremidades. Nuevamente volví a escuchar otros gritos, todos venían del mismo lugar y de la misma persona, una mujer, pero cada uno de los gritos sonaban más angustioso que el anterior. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue que la chica podría estar en peligro y si no era ella debía de ser otra mujer, así que salí corriendo a toda carrera en dirección hacia el lugar del que yo pensaba que provenía las las angustiosas quejas. Y fue entonces al llegar cerca del sendero por donde ella había tomado antes cuando la vi a ella y a un hombre, este le acariciaba sus senos y le rasgaba el vestido con una navaja que portaba el la única mano que le quedaba; la otra extremidad posiblemente la perdió por robar y al cicatrizar se le quedo un feo muñón. Al ver lo que aquel hombre le intentaba hacer a la muchacha mientras esta forzaba para liberarse y poder escapar hizo que me hirviera la sangre.

En un primer acto de ira comencé a correr en dirección a ellos dos pero en cuanto me di cuenta de que iba desarmado me pare y me escondí entre los matorrales entorno al sendero. Estaba claro que aquel hombre se trataba de un proscrito y que no le importaría llegar a asesinar o cometer cualquier otro delito cuando estaba viviendo fuera de toda legislación y en busca y captura. Escondido entre los arbustos seguí observando la escena aterrorizado y pensando en como poder derribar las defensas de aquel hombre corpulento que se había batido seguramente con algún que otro, entonces recordé a ver visto un tronco grueso y duro en el suelo unos metros atrás. Con sigilo volví hacia atrás lo más rápido que pude y mirando hacia el suelo en busca de aquel tronco hasta que lo encontré y cuando lo cogí parecía ser bastante macizo, era mi mejor opción y quizás única como arma. Me dirigí de nuevo hacia el sendero y cuando estuve cerca agarré bien el tronco con las dos manos y salí a toda carrera en dirección a donde el hombre se encontraba, el cual estaba de espalda a mí y mientras ajeno a mi presencia se maravillaba al contemplar la imagen desnuda de la muchacha. Así que en ese momento de distracción en el que solo tenía ojos para la chica y en el que se baja el pantalón torpemente, me abalancé sobre él; pero pudo escuchar mis pasos más cercanos y se volvió. A pesar de esto, no le dio tiempo de reaccionar con demasiada rapidez y el propiné un garrotazo en toda la cara dejandocela irreconocible. El proscrito se tambaleó de un lado a otro, pero en cuanto recuperó la compostura a pesar del daño que le había causado se aferró con su única mano a mi cuello y apretó con fuerza. El aire comenzó a circular de dentro a fuera de mi cuerpo con mayor dificultad, estaba claro que el hombre había desarrollado una fuerza descomunal en su único brazo. Intenté deshacerme de él propinándole unos cuantos garrotazos laterales pero que no fueron muy efectivos ya que me constaba agarrar y propinar un golpe mientras me faltaba el aire. Solté el tronco y comencé a intentar apartar su mano de mi cuello; comenzaba a ser efectivo pero era difícil apartar sus dedos de mi garganta y no tenía tiempo ya que me faltaba el aire así que le di un rodillazo en sus testículos y sus cuerpo entero se estremeció y luego sus músculos se relajaron y calló al suelo mientras se lamentaba de dolor. Cogí el garrote y le propine un golpe en la cabeza y quedo inconsistente.

Cuando terminé con el proscrito mi aliento se encontraba totalmente acelerado y mis músculos se encontraban entumecidos. Me dirigí hacia donde estaba la chica de pie desnuda y cogí los harapos que quedaban de su ropa y se los entregué mientras me tapaba los ojos con las manos. Esperé a que se tapara un poco para preguntarle si estaba bien y esta vez no huyó, sino que me contesto y me contó que había ocurrido. Por suerte llegué antes de que el proscrito pudiera hacerle nada salvo destrozarle su ropa. Aliviado y calmado porque estuviera a salvo le ofrecí un pequeño trato, le propuse que yo no contaría nada a mi padre de lo ocurrido siempre y cuando en aquel mismo instante me dijera como se llamaba. Sus labios esbozaron una sonrisa y de ellos salió una voz dulce que decía:

-Me llamo Ofelia.




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