Mira hay afuera, qué ves, me pregunta
el viento o quizás sea esa voz que habla desde dentro y hace que tus
pensamientos se vuelvan desordenados. Hago caso a la voz que me
susurra y miro afuera, salgo de mí y contemplo el mundo, mi
alrededor. Por primera vez salgo de mi orgullo y observo con detenida
curiosidad lo que me rodea. Siento miedo y vuelvo a mirar hacia
dentro. No, me dice de nuevo la voz, no cierres los ojos. Esta vez no
será tan fácil convencerme pensé y miró hacia lo más profundo de
mi, y me siento a salvo de aquello que hay fuera.
La voz sigue repiqueteando en mi mente,
y por más que intento silenciarla no calla. No hay paz en mi
interior, ¿por qué una simple voz es tan fuerte como para hacer
temblar tú fantasía?, me pregunto. Y repite una y otra vez,
enfrentarte a lo que temes, sal ahí afuera.Y yo, por no aguantar
aquel sentimiento que me oprime el pecho cada noche, decido abrir los
ojos; a pesar de que aquello que veo es la realidad y como tal, no es
como aquella fantasía en la que uno vivía. Me gustará o no, la fantasía y la ilusión habían pasado a formar parte de otra vida más sencilla, a partir de aquel día.

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