Una vez das el primer paso despídete de volver atrás, porque como si de una serie de engranajes se tratara movidos por alguna fuerza extraña; tu cuerpo se moverá automáticamente y no dejarás de caminar, porque has entrado en el gran juego. Al igual que tú, mientras camines sobre el duro y frío asfalto te toparás con gente vestida de negro que caminan cuyo cerebro no tiene mandato sobre su cuerpo, es decir; se mueven por propia inercia como tú pero la diferencia es que tú eres consiente de ellos pero ellos no de ti. Como animales, esta gente avanzará y se chocaran entre ellos y nunca miraran al frente, de esta forma no verán nada ni a nadie más que a ellos mismos como máquinas. Cuando comience a atardecer el ritmo de tus pasos se ralentizará y el tiempo ira más rápido, antes de que anochezca debes buscar un cobijo para refugiarte de la cruel noche, que dificulta tus pasos, poniendo cadenas en tus pies.
Durante tu avance, te fijarás no solo en la gente que te rodea y en su actitud maquinista, sino que intentaras encontrar un atisbo de aquello que la ciudad era; aquello que te contaban como cuento y como todo cuento, luego nada es cierto. Buscarás agua que fluya por algún lugar, pero como mucho el único fluido que encontraras será la sangre de los caídos, de aquellos que le pilló la noche. Buscarás la tierra fértil que daba frutos, pero lo único que verás será asfalto bajo tus descalzos pies. Buscarás el cielo y el sol, pero cuando intentes levantar la vista solo lograras llegar a ver infinitos rascacielos que con su gran inmensidad no dejan ver el cielo y que no dejan pasar la luz. Por último intentaras buscar la vida, pero ni si quiera sabrás por donde empezar a buscarla y al final te darás cuenta de que esta no existe realmente como tal.
De vez en cuando oirás a alguien llorar desoladamente y gritar. Antes del anochecer lo encontrarás agachado sobre el suelo, siendo golpeado por la multitud que camina sin conciencia de acto. Encontrarás a aquel que llora, un niño pequeño, que se tapa los ojos para no ver. Le preguntarás que le pasa y el no te contestará, sino que con sus ojos llenos de lágrimas te mirará y al verte, llorará más y con más fuerza. Te sentarás a su lado y lo rodearás con tus brazos, entonces con el simple contacto comprenderás quien es ese niño y porque llora. Y tú también comenzarás a llorar y permanecerás a su lado porque ambos os habéis extrañado en todo el tiempo que ha pasado desde que saliste de casa hasta ahora que caminas por la ciudad como si igual que los otros de una máquina te trataras. Y después de tanto tiempo, te das por vencido y te quedás allí junto a ti mismo pensando que puedes hacer tú para cambiarlo todo y te das cuenta que nada puedes hacer contra algo que ha elegido el mundo, solamente no alimentar el juego. Solo te quedan dos opciones. Una es esperar a que llegue la noche y que tu sangre se una a la de otros, que como tú; dieron por perdida la batalla. La segunda es esperar a que con el tiempo vuelvas a tener las fuerzas para ayudar a ese niño y a ti a levantarte.

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