sábado, 28 de abril de 2012

Autobús A2

Como día tras día, sin ninguna variación, después de haber salido de trabajar de un bar de la zona, cogía el autobús urbano desde el Prado de San Sebastián hasta San Jerónimo, donde vivía en un piso pequeño donde solo había sitio para uno, era nuevo en la ciudad y no tenía mucho dinero por lo que no podía permitirme ningún tipo de lujo y con esto me refiero a que tenía que tomar prestado el dinero para el autobús de la propina que me dejaban los clientes, aunque últimamente la gente ya no era tan generosa. Saque la cartera y comencé a contar las monedas, todo lo que tenía era chatarra pero alcanzaba para comprarme un billete. Llegue a la ciudad hace un par de meses, mi vida dio un vuelco y todo había cambiado, decidí que lo mejor que podía hacer era olvidar mi pasado y comenzar una nueva vida, en otra ciudad con los ahorros que tenía para la universidad. Alcé la mano izquierda y mire el reloj, eran la una de la madrugada, el A2 estaba arrancando los motores, me acerque y entre, le di el dinero justo al conductor y arranqué el billete de la máquina. Avancé por el pasillo hasta llegar a la parte posterior, un lugar alejado de la gente que solía coger la misma línea a estas horas, un lugar donde poder pensar tranquilo o dar una cabezada sin que nadie te moleste. Estaba agotado, aquella noche había sido dura, tenía ganas de cerrar los ojos y despertar cuando las cosas fueran mejor, acerque mi cabeza al cristal y me dedique ha mirar el mundo exterior, a cada persona que pasaba, cada una de ellas era diferente, cada una tenía problemas, cada una tenía un camino, una red de conexiones así es como me gustaba definir la vida, cada uno seguimos nuestro propio camino hasta que de repente nos cruzamos con alguien que va en la misma dirección o contraria y es en ese momento cuando conocemos a otra persona y los caminos se cruzan por minutos, horas, días, meses e incluso años.

El autobús freno por primera vez, sino me acordaba mal, acabábamos de parar en Los Remedios, cuatro personas habían subido al vehículo, dos hombres que aparentaban rondar los cuarenta años, una mujer joven dispuesta a disfrutar de la noche y una adolescente, esta última se sentó en el asiento de detrás mía. La chica estaba hecha una mierda, tenía la cara pálida, el pelo desaliñado, tenía el rimel corrido, sentía curiosidad porque tendría que haber pasado para estar de esa manera, pero fuera lo que fuera no debía importarme, no era de mi incumbencia. Pero a pesar de esto, no era capaz de quitármela de la cabeza, seguía dándole vueltas al asunto, ¿acaso conocía yo a aquella chica? Entonces porque me importaba lo que le ocurría, cuando ni si quiera me importaba mi padre, ¿por qué? Un recuerdo paso ante mis ojos, apreté el puño dispuesto a golpear algo y antes de golpear el cristal me paré en seco, contuve mi rabia, suspire y deje caer mi cabeza sobre mis brazos. Note la presencia de los ojos clavados de la chica en mí, seguro que pensaba que estaba loco o que me había tomado una cerveza de más.

-¿Estás bien?- dijo con una voz quebrada y delicada.

¿Es que acaso intentaba ser cortés? Al menos había tenido el detalle de preguntar sin ser nada para ella, solo un simple hombre más, que viaja en ese bus a la misma hora y mismo día.

-Sí, no es nada.-dije sin levantar la cabeza de los brazos, no quería mirarla a la cara y que me viera con los ojos llorosos. No pensaba ir contándole mi vida y mis cosas al primero que viera.

Eso fue todo, parece que cacto el mensaje, se volvió hacia adelante, durante todo el trayecto no volvimos a hablar, ella se puso a escuchar música mientras yo me tendí a lo largo de los dos asientos e intenté cerrar los ojos para desconectar. Tres paradas más adelante, ella se bajo, cuando estaba de pie me miró y yo me quedé mirando sus ojos azules por solo unos segundos, al bajar se paró en la acera como si estuviera esperando a alguien y de nuevo nuestras miradas se cruzaron a través del cristal, mientras el autobús se ponía de nuevo en marcha. Supuse que no volvería a ver a esa chica más o como mucho un par de veces antes de que dejara de existir para mí como hace unos minutos. Me baje en San Jerónimo y comencé a recorrer las calles de Sevilla.


No hay comentarios:

Publicar un comentario