El autobús freno por primera vez, sino
me acordaba mal, acabábamos de parar en Los Remedios, cuatro
personas habían subido al vehículo, dos hombres que aparentaban
rondar los cuarenta años, una mujer joven dispuesta a disfrutar de
la noche y una adolescente, esta última se sentó en el asiento de
detrás mía. La chica estaba hecha una mierda, tenía la cara
pálida, el pelo desaliñado, tenía el rimel corrido, sentía
curiosidad porque tendría que haber pasado para estar de esa manera,
pero fuera lo que fuera no debía importarme, no era de mi
incumbencia. Pero a pesar de esto, no era capaz de quitármela de la
cabeza, seguía dándole vueltas al asunto, ¿acaso conocía yo a
aquella chica? Entonces porque me importaba lo que le ocurría,
cuando ni si quiera me importaba mi padre, ¿por qué? Un recuerdo
paso ante mis ojos, apreté el puño dispuesto a golpear algo y antes
de golpear el cristal me paré en seco, contuve mi rabia, suspire y
deje caer mi cabeza sobre mis brazos. Note la presencia de los ojos
clavados de la chica en mí, seguro que pensaba que estaba loco o que
me había tomado una cerveza de más.
-¿Estás bien?- dijo con una voz
quebrada y delicada.
¿Es que acaso intentaba ser cortés?
Al menos había tenido el detalle de preguntar sin ser nada para
ella, solo un simple hombre más, que viaja en ese bus a la misma
hora y mismo día.
-Sí, no es nada.-dije sin levantar la
cabeza de los brazos, no quería mirarla a la cara y que me viera con
los ojos llorosos. No pensaba ir contándole mi vida y mis cosas al
primero que viera.
Eso fue todo, parece que cacto el
mensaje, se volvió hacia adelante, durante todo el trayecto no
volvimos a hablar, ella se puso a escuchar música mientras yo me
tendí a lo largo de los dos asientos e intenté cerrar los ojos para
desconectar. Tres paradas más adelante, ella se bajo, cuando estaba
de pie me miró y yo me quedé mirando sus ojos azules por solo unos
segundos, al bajar se paró en la acera como si estuviera esperando a
alguien y de nuevo nuestras miradas se cruzaron a través del
cristal, mientras el autobús se ponía de nuevo en marcha. Supuse
que no volvería a ver a esa chica más o como mucho un par de veces
antes de que dejara de existir para mí como hace unos minutos. Me
baje en San Jerónimo y comencé a recorrer las calles de Sevilla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario