domingo, 29 de abril de 2012

Las cenizas.

Ahora que tenéis lo que queréis
no volváis la vista atrás,
no pronunciéis mi nombre.
Porque no obtendréis perdón.

Ahora que florecéis
no os importan los demás,
no queráis ser hombres.
Porque veis perdido conciencia y razón

Como tierra y cielo veis luchado
como corpóreos no sois eternos,
como almas veis sentido
y como humanos, es desdichado vuestro destino.

Cuando llegue la noche
no busquéis refugio,
no busquéis ayuda.
Porque hace tiempo ya que cerré mis puertas.

Cuando llegue el día
no busquéis la sonrisa del Sol,
no busquéis agua que os haga puros.
Porque no hay luz ni agua que limpie vuestras almas.

Hoy no sois más que recuerdos del pasado.
Sois las cenizas de una llama que ardió
pero que hoy yace apagada,
apagada por el agua.


sábado, 28 de abril de 2012

Autobús A2

Como día tras día, sin ninguna variación, después de haber salido de trabajar de un bar de la zona, cogía el autobús urbano desde el Prado de San Sebastián hasta San Jerónimo, donde vivía en un piso pequeño donde solo había sitio para uno, era nuevo en la ciudad y no tenía mucho dinero por lo que no podía permitirme ningún tipo de lujo y con esto me refiero a que tenía que tomar prestado el dinero para el autobús de la propina que me dejaban los clientes, aunque últimamente la gente ya no era tan generosa. Saque la cartera y comencé a contar las monedas, todo lo que tenía era chatarra pero alcanzaba para comprarme un billete. Llegue a la ciudad hace un par de meses, mi vida dio un vuelco y todo había cambiado, decidí que lo mejor que podía hacer era olvidar mi pasado y comenzar una nueva vida, en otra ciudad con los ahorros que tenía para la universidad. Alcé la mano izquierda y mire el reloj, eran la una de la madrugada, el A2 estaba arrancando los motores, me acerque y entre, le di el dinero justo al conductor y arranqué el billete de la máquina. Avancé por el pasillo hasta llegar a la parte posterior, un lugar alejado de la gente que solía coger la misma línea a estas horas, un lugar donde poder pensar tranquilo o dar una cabezada sin que nadie te moleste. Estaba agotado, aquella noche había sido dura, tenía ganas de cerrar los ojos y despertar cuando las cosas fueran mejor, acerque mi cabeza al cristal y me dedique ha mirar el mundo exterior, a cada persona que pasaba, cada una de ellas era diferente, cada una tenía problemas, cada una tenía un camino, una red de conexiones así es como me gustaba definir la vida, cada uno seguimos nuestro propio camino hasta que de repente nos cruzamos con alguien que va en la misma dirección o contraria y es en ese momento cuando conocemos a otra persona y los caminos se cruzan por minutos, horas, días, meses e incluso años.

El autobús freno por primera vez, sino me acordaba mal, acabábamos de parar en Los Remedios, cuatro personas habían subido al vehículo, dos hombres que aparentaban rondar los cuarenta años, una mujer joven dispuesta a disfrutar de la noche y una adolescente, esta última se sentó en el asiento de detrás mía. La chica estaba hecha una mierda, tenía la cara pálida, el pelo desaliñado, tenía el rimel corrido, sentía curiosidad porque tendría que haber pasado para estar de esa manera, pero fuera lo que fuera no debía importarme, no era de mi incumbencia. Pero a pesar de esto, no era capaz de quitármela de la cabeza, seguía dándole vueltas al asunto, ¿acaso conocía yo a aquella chica? Entonces porque me importaba lo que le ocurría, cuando ni si quiera me importaba mi padre, ¿por qué? Un recuerdo paso ante mis ojos, apreté el puño dispuesto a golpear algo y antes de golpear el cristal me paré en seco, contuve mi rabia, suspire y deje caer mi cabeza sobre mis brazos. Note la presencia de los ojos clavados de la chica en mí, seguro que pensaba que estaba loco o que me había tomado una cerveza de más.

-¿Estás bien?- dijo con una voz quebrada y delicada.

¿Es que acaso intentaba ser cortés? Al menos había tenido el detalle de preguntar sin ser nada para ella, solo un simple hombre más, que viaja en ese bus a la misma hora y mismo día.

-Sí, no es nada.-dije sin levantar la cabeza de los brazos, no quería mirarla a la cara y que me viera con los ojos llorosos. No pensaba ir contándole mi vida y mis cosas al primero que viera.

Eso fue todo, parece que cacto el mensaje, se volvió hacia adelante, durante todo el trayecto no volvimos a hablar, ella se puso a escuchar música mientras yo me tendí a lo largo de los dos asientos e intenté cerrar los ojos para desconectar. Tres paradas más adelante, ella se bajo, cuando estaba de pie me miró y yo me quedé mirando sus ojos azules por solo unos segundos, al bajar se paró en la acera como si estuviera esperando a alguien y de nuevo nuestras miradas se cruzaron a través del cristal, mientras el autobús se ponía de nuevo en marcha. Supuse que no volvería a ver a esa chica más o como mucho un par de veces antes de que dejara de existir para mí como hace unos minutos. Me baje en San Jerónimo y comencé a recorrer las calles de Sevilla.


La ciudad de asfalto.

Hace tiempo ya que abandoné la casa que me daba cobijo y me mantenía a salvo, a salvo de esta ciudad por la que hoy camino. Ciudad que hoy día ha cambiado mucho de lo que en su tiempo era: agua, tierra, cielo, luz y vida. En su afán por el progreso la ciudad ha dejado atrás estos elementos y los a sustituido por otros: sangre, asfalto, rascacielos, oscuridad y muerte. Desde la ventana de mi casa la vida en el exterior, la vida en la ciudad, daba vértigo, aún así, no pintaba tan mal como lo es cuando abres la puerta y das el primer paso hacia fuera, hacia ese abismo.

Una vez das el primer paso despídete de volver atrás, porque como si de una serie de engranajes se tratara movidos por alguna fuerza extraña; tu cuerpo se moverá automáticamente y no dejarás de caminar, porque has entrado en el gran juego. Al igual que tú, mientras camines sobre el duro y frío asfalto te toparás con gente vestida de negro que caminan cuyo cerebro no tiene mandato sobre su cuerpo, es decir; se mueven por propia inercia como tú pero la diferencia es que tú eres consiente de ellos pero ellos no de ti. Como animales, esta gente avanzará y se chocaran entre ellos y nunca miraran al frente, de esta forma no verán nada ni a nadie más que a ellos mismos como máquinas. Cuando comience a atardecer el ritmo de tus pasos se ralentizará y el tiempo ira más rápido, antes de que anochezca debes buscar un cobijo para refugiarte de la cruel noche, que dificulta tus pasos, poniendo cadenas en tus pies.
Durante tu avance, te fijarás no solo en la gente que te rodea y en su actitud maquinista, sino que intentaras encontrar un atisbo de aquello que la ciudad era; aquello que te contaban como cuento y como todo cuento, luego nada es cierto. Buscarás agua que fluya por algún lugar, pero como mucho el único fluido que encontraras será la sangre de los caídos, de aquellos que le pilló la noche. Buscarás la tierra fértil que daba frutos, pero lo único que verás será asfalto bajo tus descalzos pies. Buscarás el cielo y el sol, pero cuando intentes levantar la vista solo lograras llegar a ver infinitos rascacielos que con su gran inmensidad no dejan ver el cielo y que no dejan pasar la luz. Por último intentaras buscar la vida, pero ni si quiera sabrás por donde empezar a buscarla y al final te darás cuenta de que esta no existe realmente como tal.
De vez en cuando oirás a alguien llorar desoladamente y gritar. Antes del anochecer lo encontrarás agachado sobre el suelo, siendo golpeado por la multitud que camina sin conciencia de acto. Encontrarás a aquel que llora, un niño pequeño, que se tapa los ojos para no ver. Le preguntarás que le pasa y el no te contestará, sino que con sus ojos llenos de lágrimas te mirará y al verte, llorará más y con más fuerza. Te sentarás a su lado y lo rodearás con tus brazos, entonces con el simple contacto comprenderás quien es ese niño y porque llora. Y tú también comenzarás a llorar y permanecerás a su lado porque ambos os habéis extrañado en todo el tiempo que ha pasado desde que saliste de casa hasta ahora que caminas por la ciudad como si igual que los otros de una máquina te trataras. Y después de tanto tiempo, te das por vencido y te quedás allí junto a ti mismo pensando que puedes hacer tú para cambiarlo todo y te das cuenta que nada puedes hacer contra algo que ha elegido el mundo, solamente no alimentar el juego. Solo te quedan dos opciones. Una es esperar a que llegue la noche y que tu sangre se una a la de otros, que como tú; dieron por perdida la batalla. La segunda es esperar a que con el tiempo vuelvas a tener las fuerzas para ayudar a ese niño y a ti a levantarte.


Intenta alcanzarme y permaneceré quieto.

Me pregunto si alguna vez me he significado algo para ti, porque aparenta que no, que nunca me has tenido en cuenta porque siempre me has tenido ahí.
Apreciamos verdaderamente algo cuando lo perdemos y mientras lo tenemos no nos damos cuenta de lo importante que es; y tu crees que nunca me perderás y que siempre me tendrás ahí, pero de lo que no te das cuenta es que en parte ya me has perdido y que el culpable de ello has sido tú por dejarte llevar por las emociones efímeras.
Solo permaneceré quieto, cuando vea que intentas alcanzarme, para que puedas llegar a donde estoy, sino lo intentas, seguiré con paso firme sin mirar atrás...


Con vendas en los ojos!

No son mis ojos lo que están sin ver la luz, cegados por vendas que impiden ver la realidad, la verdad. Son tus ojos los que están viendo otra realidad, la que esta dibujada en el reverso de las vendas que tapan tus ojos. Estas viendo aquello que quiere que veas, aquello que tus sentidos quieren ver, quieren sentir, mientras acorralas a tu razón para poder seguir viviendo en esa mentira tan dulce.
Sientes su piel, hueles su aroma, oyes su voz, saboreas el aire que respira y ves una mentira, y te sientes bien, bien porque crees que te esta pasando, que va a pasar, que vas a ser feliz pero en realidad no pasara mucho más de lo que esperas, en realidad eres otro reto suyo, otro pasatiempo....
Pero como dicen la verdad es amarga y la mentira es dulce, y parece que tu has elegido la mentira porque te sabe mas dulce, disfruta mientras puedas, no cometas ninguna locura, no entregues tu alma, aún no, todavía no, porque una vez te la arranque vivirás en un engaño eterno.
Se que seguro que algún día te darás cuenta y sino, es que es ya demasiado tarde...


Con cadenas a los pies!

Y es que nunca nadie nos enseñó a andar por los caminos, nadie nos enseñó a andar desorientados, siempre hemos andado con un guía, pero llega el día en que ese guía nos abandona y nos da un voto de confianza para que seamos nosotros mismos quienes nos orientemos y elijamos uno, dos, tres y más caminos.
Pero lo que nunca nos enseñaron es que un día podía ocurrir que tus pasos se vieran frenados por ciertas cadenas que te atan al pasado, que te tiran y no te permiten avanzar sin llevar siempre ese lastre en tu espalda, ese rencor, esa rabia, esa tristeza...como si nunca pudieras despegarte de ella y que no te permita alcanzar el cielo, tus sueños y que no te deja vivir como tu quieras.
Y son esas cadenas las que nos amarran, las que nos ahogan nuestras voces, las que no nos permiten hablar con claridad, las que nos hace no tener claro lo que queremos, las que nos hace perdernos a nosotros mismo y perder a quienes nos rodea.
Y es que debemos encontrar esa llave que abra el candado y que de esta forma se escape todo lo que tantos años hemos guardado en el fondo, desahogarnos, encontrarnos, porque seguro que aún estamos ahí, aunque quizás muy en fondo, con miedo a volver a vivir en el olvido, ¡con miedo a olvidar lo vivido!

El camino que hemos elegido!

Y esos caminos de la vida siguen avanzando y no puedes quedarte atrás, muchos caminos se pierden, otros muchos se dividen.
Pero tú al menos permaneces en la travesía y eso es lo importante que tengas tu lugar en la vida para seguir adelante y abriéndote paso entre las penas y las alegrías.
Y que de aquí en adelante, seamos cocientes de lo que elegimos, del camino que escogemos y que siempre estemos seguro que esa es la mejor solución que por mucho que nos duela dejar cosas atrás, en la vida hay que perder o ganar, y a veces parece como si solo perdiéramos, como si no tuviéramos fuerzas, pero solo avanzando, mirando con la cabeza bien alta al frente y diciendo "Yo soy dueño de mi destino y de mi vida" , es la única forma de saber que solo de ti depende lo que ocurra en tu vida, porque tu eliges y que solo tú tienes la respuesta...


El cielo!

Y ahora es cuando más lo necesito y ni siquiera puedo confiar en él. Y no se ni hasta que punto es nuestra amistad y hasta que punto tiraríamos a la borda tantos años, porque él, no es capaz de decirme la verdad, de decirme si prefirió el cielo antes que a mí. Y esas nubes, son las que hacen que se tiña de negro el cielo azul y que la tristeza invada nuestras almas.



Un punto azul pálido(1994)-Carl Sagan

Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese pixel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida.
Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.
La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.

Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizá no hay mejor demostración de la tontería de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.