viernes, 21 de diciembre de 2012

Vinum-part.5

Desde el día en el que yacimos en aquel claro del bosque todo en la vida de ambos había cambiado. Se había vuelto una costumbre el echo de que cada noche de más de la mitad de los días de una semana, fuera a verla a la casita discreta que se había comprado Ofelia en los barrios más alejados del centro de la ciudad donde se encontraban la gran mayoría de los ciudadanos marginales. Cada una de esas visitas nocturnas se convirtieron el el momento más esperado por cada uno a lo largo del día, ya que decidimos aparentar que no había nada entre nosotros a la vista de los demás. Esta decisión traía consigo la consecuencia de tener que trabajar juntos y tener que evitar el deseo y no dirigirnos demasiado la palabra-si alguien hubiera visto al hijo de un terrateniente hablando demasiado con una simple campesina habría desconfiado-,pero las palabras sobraban cuando nos decíamos todo con la mirada. Por ello aquellas visitas se convirtieron frecuentemente en una forma de liberar aquel deseo retenido durante todo el día, pero también fueron la forma en la que nos fuimos conociendo mejor uno al otro; hablábamos de muchos temas diferentes, aún así nunca llegamos a pronunciar palabra de que sería de nuestro amor en un futuro. Estaba claro que no podíamos obviar el problema que existía con respecto a la idea de padre de casarme con Allegra- la hija de mi señor-, sin embargo nos hacía feliz la idea de no pensar en ello y así fue como dejamos pasar el tema, simplemente callándonos el inevitable y doloroso desenlace que nos deparaba el destino.

Cuando terminamos de recoger la cosecha Ofelia decidió no buscar ningún otro trabajo, según me había dicho su padre le dejo una notable herencia que le permitía autoabastecerse durante mínimo dos años y medio, siempre y cuando no gastará en ningún tipo de lujo. Sin embargo no me gustaba la idea, así que de vez en cuando llevaba algo de comida y le propuse varias veces mudarse a una casa más próxima, pero ella me replicaba diciendo que no podía pasar de ser pobre a rica en cuestión de días la gente sospecharía y el alguacil del pueblo sospecharía que habría robado. Al final desistí en mi empeño en que buscara trabajo, comenzara a llevar una vida como la de todo el mundo y dejara atrás esa falsa imagen de ser una campesina pobre. Como hice los años anteriores cuando terminé de ayudar a mi padre con la recogida de la vid, seguí ayudándolo algunos días a labrar la tierra para la próxima recolecta; pero además retome mi trabajo como pintor. Comencé terminando los últimos pedidos que me había quedado pendientes antes de la recogida, luego me llegaron cada vez más y más pedido; e incluso me había dicho Allegra que su padre pensaba hablar con el conde que buscaba a un pintor para que hiciera un retrato de su familia. No daba a basto, me faltaba tiempo material así que Ofelia al verme tan agobiado me dijo que no le importaba que algunas noches se llevara algún lienzo a su casa y allí adelantará parte del trabajo mientras charlaba con ella; una vez me dijo que le encanta ver como su padre pintaba y que le gustaría verme a mí. Por lo tanto llegué a tener dos lugares de trabajo y me dí cuenta que cuando pintaba delante de ella me sentía inspirado; no se como lo hacia pero mis pinturas quedaban mucho mejor. Había encontrado a mi musa de la inspiración y comenzó a nacer en mi interior un deseo que al final cogió forma y tuve el valor de proponer.

Un día llegué a su casa con un lienzo en blanco y ella me miró estrañada, normalmente todos los trabajos que allí me llevaban los había empezado en el estudio de mi casa, el cuál estaba en el granero. Además aquel lienzo era de un tamaño mucho mayor a los que ella estaba acostumbrada a ver y a los que yo estaba acostumbrado a pintar, pero el tamaño adecuado para llevar a cabo lo que me traía entre manos. Deje la vergüenza a un lado y le dije lo que quería hacer:

-Quiero pintar un desnudo y quiero que tu seas mi modelo.

En su rostro se dibujo una sonrisa y sus pómulos se sonrojaron.

-No lo sabes pero siempre había querido eso, pero nunca te lo he dicho. Me alegra que me lo propongas.

Sin tapujos se desnudo al completo y se tumbo en la sabanas de la cama. Tarde un rato en encontrar la postura adecuada en la que debía colocarse y en varios momentos tuve que decirle que e mantuviera quieta. Comencé trazando las líneas de guía, dibujando un esqueleto de Ofelia con trazos suaves y puntualizando en sus curvas. Lentamente fui dibujando el contorno teniendo en cuenta las proporciones. Luego pase a esbozar detalles como su cara,perlo,músculos,manos y pies, y comenzando ya a borrar las líneas de guía. Posteriormente cuando los contornos y líneas ya estaban perfiladas observe las partes en que la luz se reflejaba y donde no había luz, para comenzar a añadri sombras. Luego pase al fondo y por último me puse a jugar con los colores hasta encontrar los tonos adecuados que dieran el mayor parecido al tono de Ofelia y la hiciera brillar por su belleza en el cuadro. Tarde aproximadamente dos semana sin ningún tipo de descanso, desde que me despertaba hasta que llegaba la noche, que la pasaba en su casa pintándola. Y no fue hasta el último día cuando le dí los últimos tonos de brillo y color, cuando le mostré el acabado final; ella quedo sorprendida y se dirigió corriendo hacia mí, me besó y me susurró al oído: me encanta. Me cogió de la mano y me llevo a la cama, fue allí donde me desnudo pausadamente mientras nos besábamos,mis manos estaban manchadas de pintura y cuando fui acariciando las curvas de su cuerpo dibujé líneas de todos los colores, que hacían de su cuerpo un lienzo. Aquello me excitó, las cosas que más placer me producían en la vida; el sexo con Ofelia y la pintura, juntas en un solo acto, un acto en el que nuestros cuerpos manchados de pintura se mezclaban para dar lugar a una obra de arte; una obra que resultaba de por sí hermosa como la vida misma.

Después de aquel día, me sentí totalmente unido a ella. Casi un mes y medio después los terratenientes y mi señor hicieron una celebración en honor a aquel prospero año en el que la mayoría de las distintas cosechas recogidas habían tenido gran éxito y además para anunciar que se había aprobado el proyecto de construcción de una iglesia mayor en el pueblo. A la que fue invitado todo el pueblo incluso los más pobres pero estos últimos solo durante la primera parte de la celebración y es durante esta cuando estuvo Ofelia. Durante esta celebración recuerdo que mantuvimos alguna que otra conversación corta y puramente formal-seguiamos sin querer levantar sospechas-, todo mi tiempo estuvo requerido por mi familia, amigos, mi señor y Allegra; quien de vez en cuando me agarraba del brazo y me llevaba a rastrás a presentarme a alguna de sus amigas y en otras ocasiones a bailar. Aquella noche cuando fui a ver a Ofelia después de la fiesta la noté distante y fue la primera vez que discutimos, estaba claro que había sentido celos de Allegra y además me culpaba a mi de no haber mantenido la distancia con ella; me culpaba cuando no tenía más opción. Fue entonces cuando yo le eche en cara que seguía con aquella historia de que era pobre cuando era hija de Leandro y sería bien recibida por mi padre e incluso podría permitirme casarme con ella si supiera de quien era hija; todo el mundo había oído hablar de ese gran pintor. Nunca olvidaré esa primera vez en la que discutimos, parecía que aquello iba a llegar a un punto de no retorno y tampoco olvidaré la primera vez que la vi llorar; reaccionó así cuando le dije lo que pensaba lleno de ira. Entonces fue cuando como si de un ráfaga de viento violenta se levantara me echo a empujones de su casa yo intentaba tranquilizarla pero ella cerró la puerta en mis narices. Aquella noche alguna que otros vecinos se acercaron a sus ventanas a ver de donde procedían esos gritos. Creía que mi vida se caía a pedazos, pero no era más que el principio de mis preocupaciones.

Después de aquella pelea, los vecinos del alrededor habían visto como salía de la casa de Ofelia y algunos pudieron escuchar parte de la disputa. No tardo nada de tiempo en que los echos comenzaran a ser sabidos y rumoreados por las personas; y más cuando al día siguiente fue el mercado. Después de dos días de la pelea mi padre llego a casa y me llamo enojado; me pidió explicaciones acerca de los rumores que le habían llegado de oídas de ciertos jornaleros que aquella mañana lo había comentado imprudentemente delante de sus narices. Intente explicarme, pero no me daba lugar para ello; cada vez que intentaba comenzar la historia el me cortaba y comenzaba a propinar voces al cielo diciendo: ya sabía yo que no era buena idea darle rienda sueltas a tus ideas y ahora después de haberte dado la vida, una casa y comida; no sabes agradecérmelo haciendo a esta familia más prospera. Entonces fue cuando dijo lo que más temía y lo que había echo que mi cerebro silenciera durante todo ese tiempo.

-No volverás a ver a esa chica, nunca más volverás a visitarlas por las noches. Y dentro de un semana te casarás con Allegra-dijo enojado.

-Pero papá no la amo, a quien quiero es a esa chica que se llama Ofelia, es hija de Leandro; el pintor. No es una simple campesina.

-Tú y tus pinturas, me da igual de quien sea hija como si quiere serlo del mismísimo rey; te casarás con Allegra la semana que viene los quieras o no ya esta todo hablado con y sino quemaré tus cuadros y utensilios.

En este punto la sangre me hirvió del enojo, mis cuadros más preciados estaban todos almacenado en el granero y entre ellos el desnudo de Ofelia. Mi madre entro en la casa e intento poner paz en el asunto, finalmente no pude convencerlo ya que no me dejaba hablar. Salí de casa y pegué un portazo, aquella noche la pase fuera de casa en un bar bebiendo cerveza y olvidándome de lo ocurrido. No aparecía por mi casas hasta la mañana siguiente, cuando sabía que como mucho estaría mi madre ya que mi hermano y padre estarían trabajando; ella intento consolarme aún así no fue capaz de imponerse a la idea de padre en casarme por obligación con Allegra aunque la viera injusta.

Dos días más tarde de aquello cuando yo creía que no volvería a verla jamás y que incluso se había ido del pueblo-no fui capaz de volver a su casa y encontrármela vacía, prefería alejarme de ella y vivir con la idea de que la vería por la calle-, por el echo de haber escuchado algo sobre la boda; llegó un joven de unos once años aparentemente y me dijo que tenía un mensaje para mí de una señorita. En cuanto escuche el mensaje que aquel chico traía, corrí como alma que lleva el diablo, recorrí la plaza mayor donde se concentraba el mercado los viernes de cada semana y callejee por los barrios marginales hasta llegar a casa de Ofelia; no me importo que nadie me viera. Llame con los puños a la puerta desenfrenadamente y después de varios toques, abrió. Entré, cerró la puerta tras de mí y la bese. Ella me correspondió el beso.

-¡Me perdonas! O Al menos eso me ha dicho el chico.

-Si, lo he sopesado y no puedo soportar estar un día más sin verte. Por otro lado comprendo tu enfado, porque no he sido totalmente sincera contigo, debía habértelo dicho antes; pero creía que si te lo contaba cambiarían las cosas.

-¿A que te refieres?-pregunté con curiosidad, en su expresión podía entrever la culpabilidad.

-Es cierto que mi padre me dejo una herencia, pero nunca te hablé de mi hermano. Este es diez años mayor que yo y al ser varón se llevo la gran parte del dinero de herencia; yo y él nunca nos hemos llevado bien. Mi parte real, se correspondía con un tercio del total, y a eso debes restarle la contribución que se lleva el alguacil. Con el dinero restante viaje a varias ciudades buscando mi nuevo hogar y en uno de estos trayectos sufrí un robo por suerte no sufrí daños ya que me encontró un grupo de viajeros y los ladrones solo se llevaron las monedas-hizo una pausa para tomar aire y tranquilizarse y observar mi expresión; y para limpiarse los ojos que comenzaron a ponersele algo llorosos-. En realidad el dinero del que dispongo me da para abasto como mucho para dos meses más. Siento haberte mentido.

Su confesión me pillo desprevenido, pero no me enoje con ella; no era momento de aquello cuando dentro de menos de una semana no podría estar con ella más.

-No importa, podremos salir de esta, te amo de todas formas...-me puso un dedo en la boca y calle.

-No he terminado-esta vez se puso más nerviosa al hablar e intranquila-. Desde hace casi un mes no he vuelto a menstruar, y llevo unas semanas con náuseas y mareos- respiro hondo, esbozo un sonrisa y pude ver que era muy feliz-. Estoy embarazada, Dionisio vas a ser padre.

La noticia provocó en mi dos reacciones. La idea de ser padre, no me disgustaba y de echo me lleno de gran satisfacción y más si eso significaba formar una familia con Ofelia. Pero por otro lado aquello hacia que las cosas se complicaran, ahora si que no podría abandonar a Ofelia aunque la boda estuviera a solo unos días. No iba a abandonar a ese hijo y a la mujer a la que amaba. La bese y la abrace. Luego me separé de ella y le puse mis brazos en sus hombros y le dije:

-Ahora ahí que pensar que hacer con la boda que tengo dentro de unos días con Allegra, no pienso dejarte-la cara de Ofelia se puso pálida-.

-¿Te casas?-dijo sorprendida, su rostro se torno de repente de la felicidad absoluta a la más dolorosa expresión de tristeza que había visto jamás.